El Centro Botín, pura lucidez

El Centro Botín,  pura lucidez

«La ejemplar manera de afrontar el Centro Botín por Renzo Piano se puede apreciar también por los detalles, sobriedad, limpieza y solidez de su ejecución»

JESÚS MARINO PASCUALARQUITECTO

Me encantó la visita al Centro Botín. Inevitablemente, por ser arquitecto, son mis ojos de arquitecto los que contemplan y analizan la realidad arquitectónica que nos rodea. Y así me sucedió con la visita al recién inaugurado Centro Botín en Santander. Pero les aseguro que estoy muy disciplinado en mirar los espacios, edificios y la ciudad como ciudadano y usuario de todos ellos, superando esa visión profesional que nos puede, incluso, limitar. Creo que es una obligación y una necesidad para poder ejercer con tino esta compleja profesión.

La llegada a la ciudad, enfilar hacia el Paseo de Pereda y El Sardinero no ofrece el mejor saludo de la ciudad. El espacio se abre al llegar a los Jardines de Pereda, pero el tráfico rodado interrumpía antes la natural integración del centro de la ciudad con la bahía y así, también, el disfrute de su paisaje.

La decisión de ubicar el Centro Botín en ese preciso lugar se presentaba como una decisión polémica, como un obstáculo más y extemporáneo; un tapón que podía impedir el disfrutar de la bahía y su fondo montañoso, la síntesis de la auténtica expresión de Santander y Cantabria. La razón de esta «dificultad» no era otra que el disfrute a lo largo de su historia del magnífico paisaje que la bahía ofrece desde el edificado Paseo de Pereda. Ubicar un edificio en el borde del mar, y en un entorno tan comprometido, se presentaba como una tarea compleja por su enrevesada problemática. Lejos de todo ello, las soluciones de Renzo Piano a este cúmulo de problemas no han podido ser más lúcidas.

Este arquitecto genovés que está a punto de cumplir 80 años ya se hizo mundialmente conocido en 1972 con la creación del Centro Pompidou en París y la sorprendente aportación de llevar escaleras, ascensores y todas las columnas de instalaciones del edificio a las fachadas, con el objetivo de dejar el espacio interior absolutamente diáfano y versátil. Tras una larga trayectoria llena de éxitos, es uno de los arquitectos más apreciados y valorados del panorama internacional.

El Centro Botín es un ejemplo de su clarividente inteligencia para afrontar retos como el de Santander, tanto desde el punto de vista urbanístico como en la concepción formal del edificio y hasta las soluciones constructivas del mismo.

La gran ampliación de los Jardines de Pereda, más que duplicando su superficie original, al soterrar la vía de acceso al Paseo de Pereda y El Sardinero, integra, ata y da continuidad al centro urbano de la ciudad con el borde marítimo.

El edificio, levitando a siete metros de altura, consta de dos volúmenes autónomos y separados. A través del espacio diáfano bajo ellos, permite enlazar el parque con el borde marítimo. Sobre este espacio diáfano, y entre los dos volúmenes, se desarrolla un sistema de plataformas abiertas y de acceso público permanente. Estas plataformas generan un conjunto de nuevos espacios y miradores con espectaculares voladizos sobre la bahía y también hacía los Jardines, ofreciendo un nuevo y dinámico repertorio de visiones del paisaje y de todo el entorno. Este conjunto, este espacio público a diferentes niveles, constituye una gran riqueza y variedad de vistas y nuevas panorámicas sobre la ciudad. Sus diferentes niveles son a su vez el acceso a las plantas elevadas de ambos cuerpos en los que se ubican las salas de exposiciones en el cuerpo Sur y auditorio, aulas y gestión en el menor (Norte).

La vivencia de su interior, a pesar de la necesidad de paramentos ciegos, como centro expositivo que es, no se olvida de la permanente presencia de la bahía o del nuevo parque y la ciudad. Sus paramentos o fachadas ciegas se traducen al exterior con formas amables, en las que la arista o línea del frente marítimo secciona los dos cuerpos, de aspecto tubular como envolvente, ennoblecida por unas escamas o casquetes esféricos de 15 cm de diámetro, de cerámica nacarada, que les dota de una delicadeza sutil y elegante, y le permite convivir hasta fundirse con el habitual cielo de Santander. Su brillo consigue reflejar las vibraciones y reflejos del agua ofreciendo una chispeante y ligera imagen.

Hay una parte del edificio que toca tierra; la cafetería y tienda-librería que están, a diferencia del resto, a nivel del paseo. Este hecho facilita el acceso a unos servicios que tienen autonomía y vínculo directo con la calle. Lo que podía constituir un obstáculo y una contradicción con el fundamento del Proyecto (ser un obstáculo visual), se salva con solvencia. Su transparencia utilizando el vidrio, incluso como estructura soporte del cerramiento, las hace transparentes y muy accesibles, y un evidente éxito desde el primer día.

La ejemplar manera de afrontar el Centro Botín por Renzo Piano se puede apreciar también por los detalles, sobriedad, limpieza y solidez de su ejecución. La utilización de materiales ligeros y sistemas constructivos avanzados, buscando siempre la sensación de levedad, como por ejemplo la utilización en todos los suelos de los nuevos espacios públicos creados (plataformas), son de vidrio prensado sobre estructuras de acero laminado, dejando pasar la luz, y como si no pesaran.

Esta ejemplar iniciativa de la Fundación Botín, con esa visión que llama la atención por lo avanzada («El desarrollo social a través de las Artes, las emociones y la creatividad») no puede tener mejor foco y representación arquitectónica: ¡pura lucidez!

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