Celebrar la libertad

En un coloquio inédito, González, Aznar y Zapatero reivindicaron el diálogo y el consenso como cauce político

La celebración de los 15 años de existencia de Vocento se convirtió ayer en exclusiva periodística al ofrecer un diálogo sin precedentes entre los expresidentes Felipe González, José María Aznar y José Luís Rodríguez Zapatero sobre el presente y el futuro de España. Quienes encabezaron tres décadas consecutivas de gobierno, entre la culminación de la Transición y la mayor crisis económica padecida por las tres últimas generaciones de españoles, no habían contrastado públicamente sus pareceres con anterioridad. El 15º aniversario de un grupo de comunicación en el que concurren trece cabeceras que han contribuido a la realización de la libertad -como señaló su presidente, Santiago Bergareche- no podía hallar mejor motivo que la celebración, también, de 40 años de democracia. La noticia de ayer fue la mutua comprensión y entendimiento que mostraron tres dirigentes políticos que, en ocasiones, han protagonizado duras diatribas entre sí. La noticia de ayer fue la implícita reivindicación del consenso como cauce político para que todo un país se abra paso hacia el futuro. Un futuro que exige ya nuevas ecuaciones entre crecimiento, empleo y productividad -como sugirió Rodríguez Zapatero- que se basen en la presencia de las mujeres como protagonistas de nuestra peripecia social. El presidente Aznar mostró su convicción en la «continuidad histórica», dando a entender que por encima de la alternancia partidaria discurre un caudal colectivo de experiencias y logros que dan sentido material a la identidad de un país. Felipe González señaló cómo ha de evaluarse la acción de cada gobernante -por extensión, la de todo responsable público- cuando se preguntó sobre si había contribuido a mejorar el legado recibido. Las palabras de homenaje que Rodríguez Zapatero dedicó a la memoria de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo, los primeros presidentes de la democracia, reivindicaron la transición como una obra inevitablemente imperfecta pero fundamental para que España pueda afrontar desafíos que -como advirtió el presidente González- algunos parecen soslayar a base de revisar un pasado que insisten en considerar ajeno.

Espejo catalán. Los tres presidentes que, entre 1982 y 2011, llevaron a cabo el desarrollo autonómico del Estado constitucional estaban emplazados ayer a ofrecer indicaciones útiles para la reconducción de la deriva independentista en Cataluña. La premonición de Aznar de que «antes de romperse España se romperá Cataluña» podría verse cumplida, sin que ningún ciudadano de ninguna comunidad autónoma deba sentirse satisfecho por ello. Puesto que forma parte del espíritu de la transición evitar que la convivencia se llague con fracturas de difícil solución. Ayer González, Aznar y Zapatero disintieron amablemente sobre los beneficios y riesgos inmediatos que supondría proceder a la reforma de la Constitución para ensayar fórmulas alternativas de cohesión territorial. Es evidente que la efectividad de tal reforma se encuentra sujeta a su propia viabilidad política -dos tercios de las Cortes- y a su capacidad para desentrañar el nudo gordiano de la desafección de miles de catalanes. González, Aznar y Zapatero coincidieron ayer en interpelar a esa mayoría política que representa el Gobierno de la Generalitat, puesto que ninguno planteó nada distinto a la contención constitucional frente a la convocatoria del 1 de octubre.

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