Caudillo Puigdemont

Están irritados los de ERC porque su cárcel se ha mostrado menos movilizadora de votos que la huida de Puigdemont

JOSÉ MARÍA CALLEJA

No parece que en este punto del esperpento -hechos reales, espejos y relato cóncavos-, se pueda decir que los del abacial Oriol y los de Puigdemont, huido de su tierra y en fuga de sus siglas, formen un bloque. Más bien podríamos decir que asistimos a un momento maoísta, vale decir coreano del Norte, el de la lucha de clases en el seno del nacionalismo separatista: se trata de la disputa por dilucidar quién es más nacionalista, eufemismo de quién es President de la Generalitat, que es de lo que en realidad se trata.

Ves el discurso de Puigdemont en fechas tan señaladas -ya se que es para muy cafeteros- y te das cuenta de que los catalanes que no le han votado se le dan una higa. No ya los españoles de Ciudadanos -¡que te han ganado, Puigdemont, en votos y en escaños, quién te lo iba a decir!-, tampoco los de ERC, tildados de partidarios del 155 en capítulos anteriores por no votar al partido heredero del clan de los Pujol. (Todo lo que no sea votar a Puigdemont es apoyar el 155, dijo un portavoz de la cosa).

Puigdemont no dice en su mensaje ni una palabra del atentado de las Ramblas, nada de la fuga de empresas, de la pérdida de la Agencia del Medicamento, ni una línea de la jibarización del papel motriz de su comunidad, exlíder en la creación de riqueza en España. Nada de somos un solo pueblo, que es más lo que nos une, esas cosas. No habla tampoco de «gobernar para todos los catalanes», lo menos que se puede pedir en el discurso del que se cree ganador, pura deferencia hacia sus paisanos. Nada. Solo habla de él. Él tiene que ser President sin dejar de serlo; él tiene que mandar y no Junqueras.

Cuando preguntas a sus turiferarios, que ya que se autocalifican de bloque, dará igual que el President sea Junqueras, dicen dolidos: ¡pero sí es tercero! Ya, y Arrimadas ¡primera! y ni os planteáis que tenga derecho a gobernar, después de haberla recomendado, en capítulos anteriores, que se fuera a Cádiz. No apoyarían a la líder de Ciutadans para presidenta del Parlament, que sería una buena forma de empezar a buscar salidas políticas a problemas políticos.

Están irritados los de ERC porque su cárcel se ha mostrado menos movilizadora de emociones/votos que la huida de Puigdemont y su alianza con los ultras belgas. Te vas a la cárcel y te votan menos que si te fugas al palacete belga del ultra flamenco. Cuanto más cerca, peor.

No sabemos si presidirá Puigdemont o Junqueras, pero queda claro que tantos años de intenso lavado de cerebro de la población por parte del discurso ultranacionalista han conseguido que un partido, Ciudadanos, que tenía tres escaños hace diez años, sea ahora el primero en votos y escaños. Los nacionalistas, como fábrica de constitucionalistas.

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