Cataluña, reducida al absurdo

El futuro de la Generalitat sigue pendiente de los designios de Puigdemont

El futuro político de Cataluña, el de la gobernación de la Generalitat, continúa reduciéndose al absurdo cuando el expresidente Carles Puigdemont -cesado y huido de la Justicia- cita a los integrantes de su grupo parlamentario -Junts per Catalunya- en Berlín para decidir si se atreven a medir sus fuerzas en una nueva confrontación electoral o se avienen a ofrecer a los catalanes una investidura y un ejecutivo viables. Todo para acabar apurando los tiempos, a la espera de que la más que segura impugnación de la candidatura de Puigdemont a la presidencia de la Generalitat provea de una energía victimista añadida a la temeridad que supondría para una sociedad suficientemente fracturada el cara o cruz de otras autonómicas. El futuro político de Cataluña se reduce al absurdo cuando queda pendiente de los designios de Puigdemont en su connivencia con la determinante participación de la CUP en la mayoría parlamentaria independentista. Connivencia que anula no solo la capacidad de las otras corrientes secesionistas -ERC y PDeCAT- para contrarrestar tal deriva con posiciones más pragmáticas, sino que acaba dejando fuera de juego a las opciones no independentistas. La resultante final es que la Cataluña oficial alternativa al 155 no está en manos de una mayoría parlamentaria, sino que se ve condicionada por las pulsiones de una minoría que, de facto, opera más al margen de las instituciones que de acuerdo a sus reglas y al interés común a todos los catalanes. Hasta el punto de que asistimos a la paradoja de que la intervención del Gobierno central sobre el autogobierno por un lado, y el procesamiento con cárcel para muchos dirigentes independentistas por el otro, lejos de convertirse en acicate para restar sentido a la aplicación del 155, se aprovecha de que éste asegura una respuesta básica a las necesidades ciudadanas para perpetuar el desafío rupturista frente al Estado constitucional. Cuando cabía esperar que Puigdemont se hiciera a un lado, consigue que su 'lista' parlamentaria se atenga al dictado de un liderazgo que raya en lo patológico en términos de gregarismo social. Es posible que la candidatura de Elsa Artadi quedara ayer, en Berlín, en reserva de que el Tribunal Constitucional eche por tierra la ley de 'teleinvestidura' aprobada por la mayoría del Parlamento de Cataluña contra toda razón jurídica y el sentido común. Pero a una semana de la fecha límite, todo queda en manos del residente en la capital alemana.

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