Del catalanismo al independentismo

Para muchos catalanistas, el independentismo es una utopía de recambio. Dotarse de un Estado propio era la mejor salida a la crisis económica, social y territorial que vivía España

Ahora que se acerca una Diada fuertemente marcada por el anuncio de un referéndum unilateral el 1 de octubre, parece oportuno hacer un repaso a la evolución del independentismo en los últimos años. El catalanismo se ha dividido en dos corrientes mayoritarias, una de signo progresista y otra de carácter conservador. Ambas corrientes han estado en pugna electoral, política e ideológica durante los últimos decenios de la historia de Cataluña con el objetivo de hacerse con la hegemonía en el seno del catalanismo. Ambas corrientes han defendido mayoritariamente, aunque de diferente forma, un encaje entre Cataluña y el resto de España que respetase la singularidad nacional catalana. Esta dinámica histórica, que comienza a agotarse durante la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006, la agresiva campaña de difamación lanzada por un PP en la oposición después de su derrota electoral y la tortuosa aprobación del texto en las Cortes, se rompe definitivamente con la sentencia del Tribunal Constitucional 31/2010 que elimina y reinterpreta parte del articulado del texto autonómico.

Es después de la sentencia, que provoca una gran manifestación unitaria del catalanismo y de las negativas del gobierno español a negociar un pacto fiscal, cuando el independentismo comienza a consolidarse hasta conseguir, después de la multitudinaria Diada de 2012, ser la opción mayoritaria para los catalanes y la corriente dominante del catalanismo.

La demoscopia muestra la transformación que han experimentado las relaciones Cataluña-España en los últimos 11 años, como se explica a continuación a través de distintas variables.

Desde la reforma del Estatut (2006), el independentismo va incrementando pero es en 2010, después de la sentencia del TC, cuando comienza a dispararse hasta llegar a la Diada de 2012: el independentismo se convierte en la opción hegemónica dentro del catalanismo debido, principalmente, a su transversalidad en un momento de fuerte crispación y de altísima desafección política provocados por las afrentas del gobierno del PP al autogobierno catalán y la política de recortes. Para muchos catalanistas, dotarse de un Estado propio era la mejor salida a la crisis económica, social y territorial. El independentismo se convierte en una utopía de recambio para un gran número de catalanistas.

En cuanto a la satisfacción del nivel de autogobierno, desde la aprobación del Estatut las dos opciones comienzan a diferenciarse con más fuerza siguiendo la trayectoria antes citada para el independentismo: volvemos a encontrar como puntos álgidos la sentencia del TC y la Diada de 2012.

Respecto de la identidad nacional de los catalanes, en los barómetros del CEO, se muestra que la opción únicamente catalana sigue la misma tendencia, subida durante el proceso aprobación Estatut y presentencia, alcanza su máximo después de la sentencia 31/2010 y se dispara después de la Diada de 2012 con su valor máximo histórico en los siguientes barómetros. Lo mismo ocurre a la opción más catalán que español. Paralelamente, la opción de la identidad dual, la mayoritaria en Cataluña, desciende hasta alcanzar su mínima puntuación en los barómetros que siguen a la Diada de 2012.

Por último, la opción favorable a la independencia crece desde diciembre de 2014 hasta octubre de 2015, justo después de las elecciones del 27-S, donde comienza a descender hasta alcanzar su valor más bajo en el barómetro de junio de 2017, con la excepción del pico máximo que consigue en junio de 2016.

No obstante, desde 2015, año de las elecciones plebiscitarias, los barómetros trimestrales del CEO comienzan a mostrar un cierto agotamiento del independentismo que, pese a ser la opción mayoritaria, pierde casi 14 puntos respecto a su punto más álgido en noviembre de 2014, justo cuando se celebró el proceso participativo del 9-N, en el que tenía 48,5, y en cambio, la opción del estatus quo alcanza su máximo histórico desde la Diada de 2012. Esta tendencia, que también se da en las valoraciones sobre el autogobierno, la identidad nacional o la independencia, se confirma. En el barómetro de junio de 2017, los partidarios de la independencia están en su número más bajo desde 2011, con un 41,1, mientras que el no a la independencia, con un 49,4, alcanza uno de sus valores más altos en la serie histórica. La promesa de una independencia rápida y sin costes que anunciaban ciertos sectores del independentismo que no ha llegado, el cierre del movimiento sobre sí mismo expulsando a aquellos que han manifestado dudas y una mayor movilización del estatus quo ante la deriva del proceso pueden explicar la bajada de la opción independentista.

Ahora bien, el independentismo catalán sigue gozando de buena salud: es la única opción con capacidad de formar una mayoría parlamentaria y de gobernar en cualquiera de sus diferentes fórmulas coalicionales (JxSí, la CUP, ERC o el PDeCAT) y, actualmente, es la única que presenta un proyecto coherente, aunque plagado de dificultades técnicas y políticas. Para que deje de ser mayoritario alguna otra formación política debe aportar un proyecto de encaje entre Cataluña y España capaz de aglutinar una mayoría social tan transversal como la que tenía el independentismo en su mejor momento histórico y que ahora parece perder.

Fotos

Vídeos