¿Hasta cuándo el trasiego?

ESTHER NOVALGOS LASO

No tengo nada ¡Dios me libre! contra la enfermera actual. No sé ni quien es ella ni siquiera conozco su nombre. Pero no es de recibo, creo yo, el que cambien a estas profesionales sanitarias ( eficientes en lo suyo) como si fueran fichas de ajedrez.

He acudido a la consulta de la doctora Rosa Ruiz a la que en más de una ocasión (siempre con palabras laudatorias) y en esta misma sección, me he referido. Mi visita ha sido debida a molestias que, desde hace varios días, siento en el oído. El causante parece ser un tapón de cera que deben forzosamente de quitar. Al preguntar si sería Amaya -enfermera en la consulta- quien me atendería en el proceso de extracción, se me ha comunicado que ha sido relegada del puesto que ocupaba. Ella y su amabilidad, ella y su simpatía, apenas me «han durado» dos tomas de tensión. Patético.

Debo de confesar aquí que me ha enfadado el tema. Semejante trasiego de sanitarios descoloca al paciente y supongo ( razón hay para ello) también al facultativo -cada uno en lo suyo- con quien comparten profesión. Ignoro si esto va a servir para algo más que para ejercer mi derecho al pataleo. Pero al menos quiero dejar constancia del que ha sido un disgusto con causa. ¿O no?

A fin de cuentas la consulta de un médico es algo así como el confesionario para quien acude a él. Priman sobre otras cosas, la fe y la confianza. Algo imposible de lograr si cada vez que acudes te encuentras con «un cura» distinto al anterior.

Doy por supuesto que esto, como casi todo, deriva de gestión política. Ruego por tanto a quien el tema ataña, tome en consideración, tanto al usuario de la sanidad, como a los profesionales de la misma. Para ellos, supongo, no debe de resultar plato de gusto el constante cambio de quienes con ellos comparten labor. Trabajan con personas afectadas por algo. Y la confianza que el tiempo va creando, opera para bien. O es eso lo que creo yo. Si mi desahogo sirve al menos para que alguien se plantee lo negativo de semejante modo de actuar, me doy por satisfecha. Y conmigo, seguro, los demás damnificados del trasvase. Ya está bien de movilizaciones sanitarias. ¡¡Ya está bien!!

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