El sueño catalán

JOSÉ LUIS ESTEVE

Una Cataluña independiente no es el sueño de una noche de verano. Es un plan metódicamente elaborado a lo largo de los cuarenta años que llevamos de democracia. Sus autores jugaron desde el principio con la buena voluntad y deseo de apagar viejos sueños nacionalistas de los redactores de la Constitución, que en su artículo dos «reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las distintas nacionalidades y regiones» relacionando el principio con la unidad de la Nación española y la solidaridad entre las comunidades autónomas que la compongan. Después, consiguieron para esas supuestas nacionalidades que nunca han existido, la cesión de la vital 'herramienta' de la educación; después, medios de comunicación propios, su propia policía, etc. Y así han seguido acumulando competencias hasta que, de facto, han conseguido ser una nación 'casi independiente'.

Pero algunos catalanes, poseídos de una especie de mesianismo irresponsable, han creído que ya podían construir su torre con una sola lengua y todas las ventajas de un Estado independiente, pero sin ninguna de sus obligaciones. El ideal era ser independientes, pero que España les pagara sus facturas y la Unión Europea atendiera todos sus caprichos.

Es evidente que este sueño es imposible, pero las concesiones y una permisividad suicida de todos los gobiernos en estos cuarenta años no se pueden corregir de un plumazo. Lo vamos a pasar mal y vamos a tener problemas durante muchos años. Es como una llaga que supura pus y es muy difícil de cerrar. La única medicina es el tiempo, la paciencia y sobre todo la firmeza.

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