Solución para Cataluña

JOSÉ RAMÓN MONGE UGARTE

Para mí el principal problema que tenemos los españoles se llama Cataluña. Región, comunidad autónoma, nación... Lo cierto es que Cataluña no es un territorio cualquiera. Es un lugar formidable, culto, hermoso, nuestra clásica ventana a Europa. Seis, siete millones de personas,con lengua propia extendida en toda su amplitud territorial y aún más allá. No es mi querida Rioja, por ejemplo, a cuya comunidad pertenezco. Debemos de querer también a Barcelona, y a Cuenca y a Lugo y a Murcia y a Vitoria... pues llevamos juntos varios siglos y ha costado mucho construir esta España de nuestros amores. Sí, cuesta mucho construir pero destruir se puede hacer en un pis pas. Ay. Y yo no quiero nuevas regiones privilegiadas. Ya tenemos bastante con el País Vasco y Navarra. Dicen que por la Historia, y yo digo -y muchos dicen- que debemos ser ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones. Aquello de «café para todos» no funcionó y es una de las razones, supongo, de encontrarnos donde nos encontramos, en un momento muy delicado. Los días pasan y pasan y se nos acerca el anunciado referéndum sobre el cual nuestro presidente del Gobierno dice que no tendrá lugar, pero no nos dice cómo lo va a evitar. ¿Mandará allí la División Acorazada? Dios no lo quiera. Entre unas cosas y otras, me siento intranquilo como creo que le ocurrirá a muchos de mis compatriotas. Cuando hablo con paisanos y amigos en este tenor me ponen cara rara por decirlo en plan fino. Muchos de ellos no se dan cuenta, o no quieren dársela, de que si hablan mal de los catalanes, sin razonar las quejas, más independentistas hacen.

El Rey y cualquier ciudadano responsable nos dice que España es variada y que, incluso, ahí está la gracia. Tengo muchos años y siento que en las escuelas españolas de cuando entonces nos mostraban una España monolítica en lengua, en religión, en Historia... ya hecha o por hacer. Bueno, pues no es así. Es mucho más compleja y tenemos que admitirlo y solucionarlo. Luché, muy modestamente, por la Constitución que tenemos y me siento orgulloso de ella, pero puede haber venido el tiempo de renovarla, actualizarla, mejorarla. Y tiene que haber expertos constitucionalistas que nos la puedan servir en bandeja superando la conllevanza orteguiana. Eso sí, con igual o mayor consenso que el que tuvo en su día. ¿Pido demasiado?

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