Sembradores de odios

PEDRO ZABALA

Desgraciadamente, en el mundo actual existen demasiadas personas, muchas de ellas muy poderosas, empeñadas en sembrar odios. La capacidad humana para odiar es pareja a la que tenemos para amar.

¿Por qué odiamos y a quiénes? A veces, a los más próximos, incluso a los de nuestra propia sangre. Los celos, las envidias, son su causa. Ocasiones, a menudo, se encuentran en el reparto de las herencias. O por cuestión de lindes de fincas entre colindantes. O por el respeto o no de turnos de riego. Lo peor es cuando se enquistan estos odios y se heredan. La trágica historia de Romeo y Julieta, elevada a culmen artística por el genio de Shakespeare es un ejemplo harto conocido.

Otras veces los destinatarios de nuestros odios son ajenos, diferentes a nosotros : emigrantes -pobres, claro-, de otra etnia; de otra cultura; de otra religión; de distinta orientación sexual; de otra ideología... Aquí los odios toman un aspecto colectivo: reafirmación de nuestra propia identidad que se ve amenazada por la presencia de esos diferentes. El miedo nos lleva al odio y de ahí el próximo salto es a la violencia. El surgimiento de populismos ultras en todo el planeta tiene ahí su raíz. Expulsión, muros defensivos, cárceles, centros de internamiento, son las medidas que a nivel institucional se están tomando. ¿Dónde quedan los Derechos Humanos tan pomposamente proclamados? ¿O son sólo para los nuestros? ¿Acaso los otros no son humanos?

El gran problema es que sobre esa base de exclusión y de miedo, hay quienes o crean el odio o lo azuzan y lo propagan con el afán de sacar réditos políticos, económicos y de poder. Emplean los símbolos identitarios, eslóganes fáciles, insultos ofensivos, los medios de comunicación que controlan. Y ahora las redes sociales sirven de vehículo, anónimo en la mayoría de los casos, para propagar ese veneno mortal para la convivencia pacífica.

¿Habrá personas que se dediquen, por el contrario, a ser sembradores de amor? Un amor que no sea entelequia palabrera, sino que brote del afán por una sociedad justa y libre, entrelazada por la fraternidad incluyente de todos los seres humanos. ¿Y entre esos sembradores del amor no debemos estar en puestos de vanguardia los que nos decimos seguidores de Jesús?

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