Semana Santa y en paz

JUAN CARLOS MAROTO LAGALL

En un estado aconfesional no tiene espacio la religión en los centros de enseñanza pública: ni la religión católica, ni la musulmana, hindú o cualquier otra. Cualquier organismo público que transgreda esta norma está incumplimiento la Constitución (que hasta que no se cambie, nos guste o no, es la que obliga), con mucho más delito aún si sus pilares (los de la Constitución) son transgredidos por quienes los crean, los políticos. De ahí que ninguno deba pronunciarse a favor de ningún acto religioso y mucho menos subvencionarlos con fondos públicos. Ahora bien, la libertad del individuo, recogida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no puede ser coartada por nadie. Organizar actos religiosos, la asistencia a los mismos con respeto, asertividad, empatía, condescendencia y humildad, no es una transgresión de la legalidad. Para algunos, la religión será un dogma de fe, para otros hasta su propia ley y para otros, un cuento sacado de la imaginación para hacer soñar a la gente o cantarlo en forma de nana. O simplemente una historia que nos contaron para confortar nuestra alma, o quizás un remedio cuando nuestro cerebro nos lleva hasta la confusión y queremos buscar consuelo. No hay que olvidar, que las culturas más sabias y antiguas del mundo también tenían su religión, sus creencias o su fe, y para bien y para mal regían las leyes, costumbres y al ser humano. Pero, en cualquier caso, nos dejaron muchas luces para nuestra evolución (aunque hoy se están perdiendo por culpa de estos necios), y no es necesario profundizar en las culturas maya, egipcia, griega o romana, para decir que son parte importante de lo que somos. Digo esto para que nuestros politiquillos de pacotilla dejen de incordiar a la gente a la que le gusta la Semana Santa y sus actos, máxime, si se autofinancian. Si falta fe o no os gusta, no vayáis. Miradlo bajo otro prisma: empleo, negocio y ocio son mientras dure la fiesta. Con la de cosas importantes que hay que hacer es este país y algunos gilipollas preocupándose de romper una tradición milenaria, que a nadie debería molestar. Y si, sí, pues ya sabes...

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