El recuerdo del doctor Montes

BENITO COTERÓN BLANCO

El jueves falleció el doctor Luis Montes. En 2007 estaba al frente del equipo de Cuidados Paliativos del Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid). Fue víctima de un montaje elaborado por el entonces consejero de Sanidad de Madrid, Manuel Lamela, apoyado sin fisuras por la presidenta, Esperanza Aguirre. Le acusaban de «exterminar» a 400 enfermos terminales por aplicarles sedantes que aliviaban sus espantosos dolores. Lo llevaron a los tribunales, y mientras se estudiaba el caso, se le montaron manifestaciones de agresivos y furibundos hooligans que le llamaban «doctor Mengele», se vertieron ríos de tinta con calumnias y se lanzaron al aire desde radios y televisiones toneladas de rugidos llamándole criminal. El juez, al final, archivó el caso, pero el mal ya estaba hecho. No se empleó tanta energía en reponer el buen nombre del doctor Montes. Su equipo estaba desmantelado y se reveló que esto sirvió para facilitar privatizaciones que beneficiaron a empresas del consejero Lamela. Y, sobre todo, como lamentaba el propio doctor Montes, que mientras duró su linchamiento, cientos, quizá miles de personas que padecían enfermedades terminales murieron entre dolores espantosos, ya que los facultativos, atemorizados por la furia ambiental, no se atrevían a poner dosis suficientes de sedantes y analgésicos. Hechos como éstos nos demuestran quienes son los buenos profesionales que aplican su bondad humana en el trabajo y quienes son los mezquinos ambiciosos a los que no se les pone nada por delante para obtener el suyo beneficio político y económico. Reivindico la memoria del doctor Montes como referente del primer caso, y desprecio a los del segundo caso, por muchos votos que reciban en las elecciones facilitando que rijan el destino de nuestras vidas. Descansa en paz, compañero Luis. Dios te bendice, aunque seas ateo, porque eres mucho mejor persona que tantos malvados de misa diaria

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