A propósito de la crítica del concierto de Raphael

ASUNCIÓN GARCÍA

En esta carta me refiero al artículo publicado en este periódico sobre la pasada actuación de Raphael en Riojafórum. Afirma que en los primeros temas el público permaneció «impasible», sinónimo de indiferente, insensible, apático. Mi desacuerdo es total. Cuando se presentan nuevos temas, lo que el público hace es escuchar las letras, y con Raphael mucho más, porque 'cuenta' las canciones. Vamos, que estuvimos atentos y disfrutando que es muy distinto que 'impasibles'.

El autor de la crítica, Diego Marín, afirma que en su generación hubo otros dos cantantes mucho mejores y cita a Nino Bravo y a Camilo Sesto. Buenas voces ambas, sí señor, pero yerra cuando relata que Nino Bravo murió en un accidente aéreo, cuando fue en la carretera, el año 73 exactamente, en Villarubio (Cuenca).

Por desgracia, Nino Bravo nos dejó, pero dónde ha quedado Camilo Sesto. Mire, a los 74 años, Raphael tiene la voz rota en algunos momentos, lógico, pero eso le hace más grande todavía en el escenario. Le puedo recordar a Leonard Cohen que al final no cantaba, casi recitaba... No se puede menospreciar a un gran artista que llena escenarios por donde va.

Yo nunca me he comprado un disco suyo ni soy seguidora, pero el sábado fui a ver a una futura leyenda de la música española y le aseguro que me pareció un artista como la copa de un pino. Por cierto, el arte se paga, igual un concierto que un cuadro.

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