Profesionalidad y hostelería

PEDRO MARÍA SÁNCHEZ

Me gustaría pensar que es una problema transitorio, cosas del verano, culpa de la coyuntura que llena las barras y mesas de los bares y cafés logroñeses de neocamareros sin preparación. Me resisto a creer que la falta de profesionalidad que acredita una parte de quienes nos sirven el café, las cañas o los vinos (¡ay, el vino!) en tantos establecimientos es un mal endémico de la ciudad. Quisiera convencerme de que algún día volveré a escuchar un «buenos días» antes del desayuno de la mañana o el «buenos tardes» de rigor cuando espero en una terraza del centro mientras el camarero le pasa un trapo a la mesa con la sonrisa puesta. Soñar el libre. Y gratis.

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