PRESUPUESTO CON ELECCIONES AL FONDO

El problema de los partidos que se prestan a sostener un gobierno monocolor de otra formación es decidir con qué cara se presentan a las siguientes elecciones: la del gregario que ha trabajado para mayor gloria de un liderazgo ajeno o la de una opción independiente que aspira a encumbrar su proyecto con propuestas diferenciadas. Tal es el dilema al que se enfrenta Ciudadanos en el momento crítico de decidir si facilita la aprobación de los presupuestos de la Comunidad Autónoma de La Rioja para 2018 o marca distancias con el Partido Popular.

Los naranjas tratan de digerir el subidón de autoestima que les ha proporcionado el pronóstico que anticipan las encuestas para Cataluña. Lo que suceda el jueves tendrá reflejo, con intensidad variable pero segura, en futuras convocatorias electorales en el resto de España. Pero además de aprovechar el viento de cola que pueda soplar desde el Mediterráneo, a Cs le interesa armarse de razones en clave local. En poco más de un año tocará pedir el voto a los riojanos. Es necesario, por tanto, proveerse de trofeos que sean apreciados por el electorado de la circunscripción. Y no dejarse vencer por la ansiedad. Porque hay prisas que parecen incomprensibles. De repente, a Ciudadanos le urge la «profesionalización» del Parlamento regional. A pesar, incluso, de que la propuesta nace manchada por la impopularidad con que es acogida cualquier tentativa orientada a ampliar el número de profesionales de la política.

Contra la voluntad de poner sueldo a los treinta y tres miembros de la Cámara autonómica para que puedan vivir de su dedicación exclusiva a la tarea como diputados, el PP ha sostenido a lo largo de más de dos décadas que el Parlamento puede atender adecuadamente sus funciones sin necesidad de liberar por completo a todos sus integrantes. De momento, y que se sepa, no ha cambiado de criterio en esta materia, pero nada es imposible cuando está en juego una baza decisiva para alcanzar los objetivos que sólo un nuevo presupuesto podría facilitar.

El tira y afloja que, con exceso de carga teatral, escenifican las dos formaciones que ocupan el espectro del centro-derecha no es intrascendente. El PP sabe a ciencia cierta que ni PSOE ni Podemos le facilitarán la tarea de gobierno. Y también que lo que está encima de la mesa de negociación no es un presupuesto más, sino el soporte contable de algunas de sus más importantes apuestas electorales de cara a las municipales y autonómicas de mayo de 2019. El próximo será el último ejercicio completo antes de los comicios. En ese contexto, la asignación de los recursos que finalmente estén disponibles constituirá la oportunidad final para estimular con hechos a los votantes.

Es obvio que la prórroga de los presupuestos pasa por ser una opción indeseable para cualquier gobierno. Pero en este caso no lo sería sólo por el mensaje de fracaso que se trasladaría a la sociedad. Atenerse otra vez a las cuentas de 2017 dejaría al Ejecutivo popular en la tesitura de aplazar determinadas promesas en clave interna. El proceso de renovación orgánica del PP de La Rioja, todavía inconcluso, dejó por el camino compromisos inversores con alcaldes que, una vez cumplida su parte para encumbrar a José Ignacio Ceniceros, esperan con ansiedad la contrapartida, en forma de maná autonómico, para dar lustre a su gestión municipal.

Sin un nuevo presupuesto, el siempre incierto camino hacia las urnas puede volverse ciertamente tortuoso. Un obstáculo más en la carrera del PP para enlazar su séptima legislatura consecutiva al frente del Gobierno de La Rioja. Como si no fuera suficiente con los aprietos causados por la división palpable en el seno del partido -la cena navideña celebrada el pasado jueves evidenció la ausencia de avances hacia la unidad- o con las secuelas que pueden derivarse de determinadas políticas, como las que afectan a la planificación de infraestructuras, una vez confirmado que el trazado ferroviario tendrá en La Rioja un ancho distinto según discurra, desde Logroño, hacia Castejón o hacia Miranda de Ebro.

Tras la entrevista de cuyo contenido dan cuenta las páginas que siguen, Íñigo de la Serna todavía aseguraba que su ministerio no ha renunciado a enlazar Logroño y Castejón a través de una plataforma de alta velocidad. Lo único confirmado, sin embargo, es que las vías desde la capital riojana hacía el Este mantendrán su trazado decimonónico, con ancho ibérico y alguna mejora todavía pendiente de concreción. «Seguimos teniendo en mente que la solución definitiva para ese tramo tiene que ser la alta velocidad», remachaba en privado el ministro, mucho más preciso de lo que había estado dispuesto a admitir a micrófono abierto. Pero lo cierto es que -sea por no generar falsas expectativas, por quitar alas a una nueva frustración o por los aprietos que impone la escasez de recursos- la planificación de Fomento se olvida de lo establecido en el Plan Estratégico de Infraestructuras de Transporte. Lo cual significa que el tren del futuro seguirá siendo una aspiración enfocada sólo a medias y que, mientras no se modifique el diseño del mapa ferroviario que el ministro avanzó el miércoles en Logroño, ninguno de los AVE que enlazarán de costa a costa el Cantábrico y el Mediterráneo podrán circular por La Rioja.

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