Portavozas y machistos

MIGUEL ÁNGEL LOMA PÉREZ

Con motivo de la flatulencia progresista de la podemita Irene Montero, con eso de las «portavozas» y la supuesta invisibilidad que condenaría a las mujeres si no utilizamos tan absurdo vocabulario, ha vuelto a circular por Internet una carta anónima atribuida a una profesora. En ella, su autora se declara orgullosa por tener la suerte de haber estudiado «bajo unos planes educativos... que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política»; y donde se aprendía «a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura». Explica también cómo el participio activo de algunos verbos de acción determina que para referirse a quien ejerce dicha acción -con independencia de que sea hombre o mujer- las palabras finalicen en «ente»; como: presidente, estudiante, cantante, paciente, residente, ardiente, etc. Y la carta termina diciendo que lamentaba haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que habían firmado un manifiesto en defensa del género, como «el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el deportisto, el atleto, el gimnasto, el fubolisto, el ciclisto, el motoristo, el golfisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el pianisto, el trompetisto, el violinisto, el guitarristo, el arreglisto, el contratisto, el maquinisto, el electricisto, el dentisto, el oculisto, el masajisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!». Una lista que quizás habría que actualizar añadiendo al progresisto, fuere derechisto o izquierdisto, socialisto, comunisto o podemito.

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