La pluralidad lingüística de España

PEDRO ZABALA

Agradezco al siempre inquieto sonserrano Ramón Monge Ugarte la oportunidad de aclarar las ideas vertidas sobre este tema en el artículo publicado en el diario La Rioja. El román paladino, aquel idioma revolucionario que rompió la relativa unidad lingüística de la península, tuvo su nacimiento en torno al río Ebro: Cantabria, la hoy merindad burgalesa de Castilla Vieja, la llanada alavesa, La Rioja y la ribera navarra. Lleva las huellas fonéticas de su origen, euskaldunes que balbuceaban el latín degenerado de la época: pérdida de la efe inicial, confusión de la b y la v, reducción de las vocales a cinco, nítidamente diferenciadas. Su rápida expansión se debió a haber sido asumido por la mayoría mozárabe. Impropiamente se le llama castellano, debido a que la chancillería de Castilla empezó a usar este nuevo idioma, mientras los demás reinos seguían utilizando el latín.

Sigo defendiendo, frente a los cerrilismos excluyentes de los nacionalismos -centrípeto y centrífugos- el reconocimiento público de la españolidad, junto al indudable del español común, de todas los idiomas de nuestra piel del toro: catalán-valenciano-balear, fabla aragonesa, astur-leonés-extremeño, gallego-portugués, sin olvidarnos del más antiguo, el venerable euzkara.

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