La papelera

FRANCISCO JAIME MATEO CAMACHO

Agosto 2024. Un día más dentro de mi rutina diaria, cruzo el parque de El Cubo absorto en mis pensamientos laborales mientras los niños y jóvenes ausentes de obligaciones escolares gritan, corren y juegan como si no hubiera otro mañana. Mientras esquivo los balones-drones, o perros-robots, observo una imagen a corta distancia que me llama poderosamente la atención.

Un padre se encuentra en proceso educativo (en el 2020 fue prohibido el uso de la palabra «regañar» al considerar los psicólogos no ser adecuadas para la evolución social de los infantes ) con su hijo al cual le cuestiona haber depositado el envoltorio de su merienda en la papelera y no, por el contrario, como es costumbre social, haberla tirado sobre el césped .

«Depositar la basura en las papeleras no se debe hacer, hijo, para eso pagamos impuestos», dice el progenitor totalmente convencido.

Miro la papelera, de un metal verde al que los rayos solares y la falta de un mantenimiento hacen difícil de reconocer, sujeta a una triste farola, me dirijo hacia ella y miro en su interior; mi cara es de asombro mayúsculo. Compruebo que está nueva, e incluso en su interior aún mantiene la pegatina del proceso de calidad del día de su fabricación...

Esto no sucederá en un futuro muy lejano. Hoy, verano de 2017, podemos comprobar como en lugar de hierba o flores hallamos un gran número de colillas, envoltorios, chicles, envases vacíos, etc., haciendo insalubre y lamentable el uso y la visión de dicho parque (sin añadir los excrementos de animales).

La indiferencia de nuestros jóvenes y la falta de responsabilidad de los padres, hace que se convierta en algo extraño, en algo extraordinario, casi digno de mención periodística, que alguien haga uso de las papeleras . El Ayuntamiento debe doblar sus esfuerzos en la limpieza y dotación de medios a los operarios pero también debe hacer un nuevo esfuerzo en concienciar a la sociedad; y para aquel que no tiene conciencia, aplicar una multa o trabajo social, como la recogida de dichos desechos. Y los padres, papel protagonista, deben ejercer su función de enseñanza primaria para indicarles que está bien y que está mal y no excusarse en cuentos chinos pues no hay excusa posible.

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