Padres, maestros y sistema educativo

MANUEL PÉREZ PARDAL

Siempre he tenido la sensación de que cuando un padre iba a hablar con el maestro del niño hablaba como si lo hiciera con uno más de la familia; los padres no ocultaban nada, colaboraban. Sin embargo, cuando hablaban con un profesor de instituto, medían sus palabras, como si se dirigiesen a un adversario. Los profesores lo son porque son licenciados; los maestros valen porque pertenecen a tu vida diaria.

Los maestros dedican los mejores años de su vida al servicio de los hijos y su formación y en esa educación se han formado médicos, maestros, políticos, sindicalistas... Esa me parece la forma elevada del estudio y la educación, el máximo fruto al que aspira una escuela. El problema es que dependemos de la condición humana y ética del maestro que nos toque, sin un horizonte común, una ley orgánica educativa.

Todos lo cambios sufridos por la ley de educación hecha por los políticos, y por tanto hecha de forma partidista, sin contar con las personas implicadas (expertos, pedagogos, filósofos, maestros...), asociaciones, movimientos sociales... Todos estos cambios, decía, nos han conducido a la descorazonada situación de una educación cada vez más genérica y apática.

Buscar una estabilidad en el sistema educativo pasaría indudablemente por un pacto político en el Congreso, pero no valdrían para ello diputados que empantanan y se enrocan en sus posturas ideológicas impidiendo avanzar hacia un espacio de consenso.

Hasta ahora, el prisma del maestro ha sido menos inquietante que el prisma político.

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