Pacientes impacientes... y peligrosos

ÁNGEL LASPEÑAS RODRIGO

Por desgracia, en los últimos tiempos nos vamos acostumbrando a la violencia en cada una de sus diferentes formas y grados de intensidad.

La violencia es detestable, venga de donde venga, y no admite justificación alguna. Aún más, nos debería preocupar enormemente cuando, por frecuente, asumimos la violencia como algo cotidiano. Un mal casi endémico e irremediable.

Como médico, sé muy bien lo que es una epidemia y el riesgo que existe para la población que la sufre si la ignora o no se hace nada por erradicarla.

La violencia es una de las peores plagas de nuestras sociedad porque sólo cuando nos toca de cerca somos capaces de visualizar el problema real que representa. Es decir, cuando ya no tiene remedio.

De la misma forma que no hay virus grande ni pequeño sino virus que se puede combatir y virus que te mata, no existe violencia grande ni pequeña, sino la que se puede evitar y la que te mata.

Tristemente, se van repitiendo agresiones contra el personal de los servicios de salud de La Rioja y en todo nuestro país. Los casos no son puntuales ni anecdóticos. Algunos han sido muy graves y con consecuencias dramáticas.

Los profesionales del SERIS estamos expuestos todos los días al peligro que representan los desequilibrios mentales de ciertos usuarios o, simplemente, de cualquier persona que tenga el día tonto y se crea con el derecho de insultar, amenazar o agredir a un profesional que está ejerciendo su trabajo de forma escrupulosa y vocacional.

Sí, la Administración debe poner todo de su parte. De hecho, tiene unos protocolos ante estas situaciones que a tenor de los datos no están cumpliendo con su objetivo ya que las agresiones no han disminuido; al contrario, han ido en aumento.

Quizá lo más importante es que todos, como usuarios del servicio de salud, seamos conscientes de la presión a la que están sometidos los profesionales y apoyemos con nuestra actitud a quienes no hacen otra cosa que velar por nuestra salud.

Llegado este punto, tengo que reconocer la enorme valentía de todos esos héroes anónimos que han salido en ayuda y socorro de los sanitarios y no sanitarios que han sufrido agresiones. Sin ningún género de dudas, su decidido comportamiento ha salvado vidas, poniendo en riesgo la suya propia. Mi gratitud incondicional.

Pero no se trata de poner un superhéroe en cada una de las dependencias sanitarias. Es preciso detectar el foco de la epidemia y eliminarlo.

Lo cierto es que cada vez hay menos profesionales para atender a más pacientes. Vamos a cuidarlos. Su esfuerzo por seguir manteniendo una asistencia de calidad es enorme. No permitamos que cualquier 'im-paciente' ponga en riesgo nuestra atención sanitaria.

Defendamos a quien nos cuida, denunciemos a quien agrede, cuidemos a quien nos cuida.

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