Mamá quiere ser libre

ROCÍO CAZALLAS GRAU

Ya mismo se acerca el primer domingo de mayo y con él un festejo muy conocido por todas. El Día de la Madre. Un día en que muchas madres nos sentimos valoradas, queridas e incluso ese día somos las diosas de todo el universo. Nos llegan flores, joyas, cartas y manualidades de nuestros hijos. Me siento muy feliz por todo esto, no lo voy a negar. No soy de las que recibe muchas cosas, me conformo con un viaje a las Maldivas, pero sin mis hijos. No me confundan, digo las Maldivas como pudiera ser el pueblo más remoto de la provincia de Cuenca, todo por descansar por unas horas de mi familia.

Yo los quiero, con toda mi alma y no podría vivir sin ellos, pero dónde quedo yo como mujer para poder disfrutar de las pequeñas cosas de la vida en solitario. Yo no solo pido un Día de la Madre. Pido por todas esas mujeres que necesitan salir, desconectar, vivir, conocer, experimentar unos días de desconexión y recuperación mental. Porque somos las madres las que llevamos a nuestras espaldas no solo la educación de nuestros hijos sino el proyecto de vida de toda una familia. Nos preocupamos por los nuestros, sólo deseamos su felicidad y que nuestros hijos se conviertan en las mejores personas del mundo.

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