Madre al 100%

ESPERANZA GARCÍA

Porque yo antes lo era...

Formaba parte esa grandeza personal que te daba sentir el ritmo de una sociedad. Sociedad que se llena la boca hablando del día de la mujer, de igualdad, conciliación y empatía. Me tocó ser madre al 100%. Inclinar la balanza hacia un lado. Coger las riendas de una vida tocada por la incertidumbre de una de esas ya tan famosa «enfermedad rara». Escuchar que lo que me ha pasado es una cruz que me ha tocado.

La cruz no es mi hija; mi cruz es ver como el entorno se aparta de los problemas; es sentirme sola ante las dificultades; enfadarme con la justicia que duda lo evidente y se deja llevar por la mejor defensa, que tristemente coincide con el mejor pagador.

Los empresarios con los que he intentado incorporarme a la vida laboral (la mayor parte mujeres) no han intentado mi conciliación familiar, ni tan siquiera comprenderme, ponerse un poquito en mi lugar.

Deseo cada día poder mantener la felicidad de mi hija, inocente a todo, incluso a mi tristeza.

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