Las lenguas de España

PEDRO ZABALA

Es cierto que, desde hace siglos, tenemos una Un idioma que nos permite entendernos. El mal llamado castellano, nació en la Edad Media a orillas del Ebro, por obra de vascos que intentaban expresarse en el latín degenerado de la época. Y expresado en formas dialectales diversas que mamamos los que lo tenemos como idioma vernáculo. Luego al llegar a estudiar se nos enseñó la forma culta que perfeccionamos los que tenemos la costumbre de leer. Pero, como los lingüistas aclaran, es el pueblo quien crea un idioma y lo transforma y tan legítimas son las formas canónicas como las dialectales. Y al expandirse allende los mares, muestra tal cantidad de matices y giros que es una gozada escucharlos o leerlos en los escritores de allá.

Mas resulta que tenemos otros idiomas. Tres alcanzaron rango literario: catalán y gallego-portugués, con sus correspondientes dialectos, claro. Además del euskara, seguramente emparentado con el ibero (de ahí la existencia de topónimos vascos en zonas muy alejadas de Euskalerria y zonas colindantes). Y resultan que son cooficiales en los países que los hablan. Pero hay otros dos a los que no se reconoce esa categoría: la fabla aragonesa O el astur-leonés-extremeño.

Lo peor que le puede pasar a un idioma es que se convierta en bandera política. Es lo que hacen todos los nacionalismos. Sea en nuestra patria el español o los periféricos. Intentan implantar en exclusividad el suyo propio, ahogando a los otros e incluso sus propias formas dialectales.

Recuerdo que hace años pude asistir en San Millán de la Cogolla, donde se escribieron las primeras frases en román paladino y en euskara por un monje trilingüe, a un acto solemne donde se exaltó la convivencia de los idiomas, con asistencia de presidentes de comunidades autónomas.

Leí una noticia que, de ser cierta, es muestra de ese cerrilismo nacionalista. Parece que en los centros públicos de Baleares se está preguntando para la inscripción si los alumnos han nacido en los 'Países Catalanes' o en el Estado español. La pregunta tendría sentido si la pregunta hubiera sido si su idioma vernáculo era el catalán u otro, pues con la respuesta se facilitaría la enseñanza de ambos. El conocido periodista, imbuido de nacionalismo centrípeto, que se quejaba de la noticia, protestaba de que en las islas se enseñase el catalán y no los dialectos de las islas. ¡Como si en los centros públicos no debiera estudiarse el castellano común, sino las formas dialectales de cada zona!.

De ahí que aplaudo la propuesta de que en la necesaria reforma de la Constitución se admita la pluralidad lingüística del Estado español, reconociendo como idiomas españoles todos los que se hablan en nuestro suelo y proclamándolos cooficiales en todo el territorio..

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