Jugad, jugad malditos

M.B.

«Las apuestas deportivas suben el 41,6 % en un año y las 'online' se disparan el 76,3%». El titular es de Diario LA RIOJA. Un estupendo artículo de Mayte Mayayo que me puso los pelos de punta. Supongo que por el azar de la vida me tocó alguien muy muy cercano enganchado al juego, un ludópata, vamos. Hablo de mi padre, quien llevó siempre su adicción con una discreción impresionante. Ayudado, sin quererlo, por mi madre. Ella, por vergüenza y pudor, tapó siempre sus excesos. Tampoco sabía cómo manejar esta situación.

Del sueldo de mi padre, que en ocasiones era muy bueno, mi madre reservaba una pequeña parte para mantener la casa y a mi hermano y a mí sin grandes lujos, pero sin necesidades. Ella se apuraba constantemente para que nos llegase para todo y no faltase de nada. Tampoco el dinero destinado a loterías, quinielas, bingo y, especialmente, tragaperras. La situación se mantuvo durante años, décadas... nunca tocaron fondo. Quizás por eso mi padre nunca asumió su problema.

El día que mi madre me confesó esta situación, vivida en soledad y con vergüenza durante muchos años, se me cayó el mundo encima. Me culpé y la imagen de mi padre se me rompió en pedazos. Aún no había entendido que esto es una enfermedad que hay que tratar a la luz, sin reparos y sin vergüenza. Ahora ya lo entiendo. Mi padre ya no está aquí y sólo se me ocurre pensar que menos mal, porque con Internet, su velocidad de crucero ludópata se habría multiplicado.

Es terrible que ahora un ludópata se haga con unos meses de juego, que ahora sea un acto totalmente íntimo y aislado. Tan sólo hace falta un ordenador o un móvil. Es terrible que figuras deportivas recomienden a los jóvenes jugar, pero no al fútbol o al tenis, si no al póker 'online'. Y es terrible que todo esto pueda verse sin pudor y a cualquier hora en cientos, miles de sitios de Internet y en televisión.

Me enfurece la hipocresía de la administración, que no me deja ver anuncios de vino o tabaco porque crean adicción o que me dice que me ponga casco con la moto. Claro, si tengo cirrosis, cáncer o me quedo parapléjica, soy una carga para el estado, pero ¿y si cojo el virus de la ludopatía? No pasa nada, la administración recibe su parte del inmenso pastel y los gastos ya los cubrirá el enfermo y su familia.

Hay que visibilizar más el problema y llamar la atención de nuestros gobernantes. No se puede permitir que aumente la adicción a este tipo de juego, especialmente entre los más jóvenes. No se trata de prohibir, se trata de legislar y hacerlo bien. Se trata también de educar. No es fácil, pero hay que trabajar y poner el foco en los problemas.

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