Ídolos con pies de barro

ANTONIO BERTRÁN

Cristiano o judío, cualquier persona a quien se le dora y adora, valorándolo económica y socialmente cien veces más que a un sabio, escritor o gobernante, fácilmente pierde la cabeza, máxime cuando además recibe y da con ella, junto con sus pies, tantos golpes a una pelota. Más aún si esos millones y fama le llegan muy joven y cuando, como muchos, dicha persona proviene de un ambiente marginal. En esas circunstancias, es frecuente que un sujeto así cometa locuras y traspase las leyes, incluso económicas, por cantidades insignificantes en relación a sus ingresos. Se debería, como se ha hecho en determinadas circunstancias, fijar un salario profesional máximo. Pero, claro, esto es imposible mientras no se devuelva al fútbol su carácter deportivo, sin corromperlo con tantos intereses económicos y políticos que lo utilizan como tapadera, triste caricatura de las sociedades en que prolifera.

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