Las huellas de una vida

AMELIA GUISANDE

Recién arrancado 2018, aquí en nuestra ciudad de Logroño se conmemoran los 100 años de fidelidad a su vocación sacerdotal por parte de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Durante aquellas noches del gélido mes de enero el pavimento de las transitadas calles logroñesas permanecía alfombrado por un manto blanco, consecuencia de las copiosas nevadas que sobre Logroño se iban sucediendo.

San Josemaría transita por una de aquellas calles en concreto por la calle Mayor, y repara en las marcas que los pies descalzos de un carmelita han trazado sobre el citado pavimento. Es evidente que no podía tener constancia de lo que aquel día iba

a ser materia de su percepción hasta no transitar por la citada calle, pero la impresión que en el produjeron dichas pisadas, no tuvo para su conciencia un carácter de fugacidad sino que quedaron grabadas en forma de huella, permitiéndole su actualización en otros momentos y circunstancias. ¿Por qué aquellas pisadas adquirieron el carácter y significado de huella? San Josemaría sospechó que las mismas eran señal de algo, que estaban puestas ahí en lugar de otra cosa, que encerraban un significado que tendría que explorar y descubrir.

La incertidumbre sobre como debía proceder en aquellos momentos pesaba con fuerza sobre la conciencia de aquel adolescente, pero lejos de permanecer paralizado, sumido en la zozobra y la duda sobre el camino a seguir, pide consejo a su familia y sobre todo se aferra al poder de la oración, ambas decisiones facilitarán el despegue de una voluntad que escogiendo pinceladas impregnadas aún de claro oscuro van depositando más luz sobre ese lienzo de cada acontecer.

Su vida fue un camino no exento de dureza que no obstante se esfuerza por recorrer con alegría, dicho esfuerzo se sustenta en la certeza de que su entrega a ese Amor vivo tempranamente descubierto le llevará un día al encuentro definitivo y pleno con Él. Poder contemplar hoy el recorrido integro de esa vida de santidad, es en mi particular opinión, un verdadero ejemplo, que nos debe llevar a saber escuchar Su voz y no endurecer nuestro corazón.

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