Hijos de la arena

RUBÉN LAPUENTE

Mira si nos importa que sean hijos de la arena, que nazcan en patrias de lona, que sepan de memoria el camino de las estrellas; mira si nos importa su memoria de pizarra, de fuego en las frías noches del desierto: que no pueden olvidar nada nunca jamás, que cuando se les muere un anciano, se les muere también un libro, una canción, una leyenda; mira si nos importa que sueñen regresar adonde nunca han estado, que de no ser por la venida de estos niños saharauis de «vacaciones en paz» a España, cuarenta a La Rioja este verano, su causa dormiría eternamente en nuestro olvido. Pero al oír la noticia, al verlos casi llegar cómo desde hace tantos años, todo viene intacto a uno, y empiezas a recordar, que han sido, que son los incapaces gobiernos nuestros, quienes, desde 1975, por no incomodar a nuestro altivo vecino invasor marroquí, no han dado aún un rotundo puñetazo en la mesa. Mira si les importa, que bastó ver aproximarse a una larga fila de chilabas en marcha verde, para dar la orden de salir corriendo, y cobardes, desertamos de nuestra colonia, de nuestra responsabilidad: Total, por un puñado de fosfatos, por un cesto de peces, por unos miles de recortados perfiles de nómadas atravesando un sol de arena, no merecía la pena luchar. Y los dejamos tirados, más de cuarenta años llevan tirados, fuera de su tierra, en inhumanos campamentos de arena ardiendo, esperando un referéndum prometido que nunca llega. Ah, pero la penitencia del pecado la vamos purgando, el Ayuntamiento enviándoles cisternas de agua, organizando la acogida de este puñado de niños saharauis a estas dunas de piel de viñedo, a estas cegadoras luces de neón, a nuestra colmada nevera, a nuestro grifo eterno, a nuestro emparrado sol, a nuestro corazón sobre todo... Pero, así... ¿hasta cuándo? ¿Hasta otros cuarenta años? ¿Hasta el fin de los tiempos? ¿Pero alguien ha oído algún grito, algún, ¡basta ya¡?

Solo cabe dar la bienvenida a estos pequeños héroes descalzos, hijos de la arena, de las nubes, de los besos desterrados, que nos hacen dejar de pensar por un momento en nuestros asuntos sumergiéndonos en su calvario, enarbolando el grito ya casi mudo de su causa.

Bienvenidos niños saharauis de Vacaciones en Paz a La Rioja. Ojalá (que no podéis olvidar nada nunca jamás) no os ciegue el oropel de nuestra luz. Ojalá no os bebáis todo el veneno que os daremos.

cartas@larioja.com

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