Si yo tuviera una criba

GERARDO VILLAR

Propongo que todos los días del año sean Navidad. Así, a lo grande. Porque da gusto: las felicitaciones, los saludos... Nos brota lo mejor del corazón, nos juntamos más, nos acordamos de «los pobres que esta noche no tienen dónde cenar».

Pero pondría una criba. Y lo que pase por la criba, lo quitaría de esa Navidad. En principio propongo que cribemos de esta fiesta todo lo que sea dinero o tenga que ver con ello. No os asustéis. Porque resulta que según mis cálculos sesudos, aquella primera nochebuena todo fue gratis. No se gastó ni un céntimo. Entre la cueva abandonada, los pastores que trajeron comida, los ángeles que cantaron, alguna comadrona que trajo los refajos, las estrellas que lucieron... Todo fue gratis.

Sencillamente, que se gaste lo de un día cualquiera. E incluso soy condescendiente y concedo que, por los imprevistos, hasta se pueda gastar el doble. Pero nada más. Solamente se queda lo que no sea dinero, no tenga que ver con él. Ni siquiera la limosna del cepillo.

Cada uno ponemos la criba con agujeros mayores o más pequeños. Y tenemos nuestra navidad. Que la vivamos felices con criba ancha. Sin miedo a quitar cosas de nuestra nochebuena. Va a ser más fácil, llegar a la cueva.

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