Dos caras para una misma historia

GEMA OVEJAS GARCÍA

Para llegar a publicar esta carta he tenido que realizar alguna gestión que en tiempo estival se ha alargado más de lo que me hubiera gustado, pero tengo que decir que la pena por lo ocurrido sigue siendo la misma. El pasado mes de mayo ingresé a mi madre en el Hospital San Pedro para realizarle una transfusión, pero al valorarla en Urgencias decidieron que debía quedar ingresada. Desde esa noche, mi madre empezó a tener muchos dolores, por lo que comenzaron a administrarle morfina. Pasó en estado de coma dos días. El jefe de Medicina Interna decidió que debían suspender el tratamiento y mi madre recuperó la conciencia, pero también unos dolores insufribles. Este facultativo no le pautó la medicación que ella llevaba tomando desde dos años antes para paliar el dolor que le producía el cáncer que sufría. A los dos días nos dio el alta. En el informe que me entregó se le olvidó poner en el tratamiento que mi madre necesitaba oxígeno, ya que sus constantes eran muy bajas. Realizamos el traslado a la residencia Orpea, a donde mi madre llegó en coma y donde falleció a los tres días.

Quiero desde aquí trasladar mi agradecimiento por la profesionalidad, cariño y ánimo de todo el personal de este centro de mayores, en especial a su equipo médico, sanitario y directivo, además de al personal del Servicio de Paliativos.

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