Abrebotes

ANTONIO DE BENITO

Podría pensarse que el abrebotes es una especie en peligro de extinción. Y más, tras los éxitos de audiencia de los masterchefs, senior e infantil, pero nada de eso, el abrebotes sobrevive, incluso vive. Un o una abrebotes no se limita a abrir botes de conservas para comer, como podría deducirse de su nombre compuesto. Por cierto en La Rioja estamos a la cola en el consumo de frutas y hortalizas, aunque sean «de bote». Va mucho más allá de su denominación. Se trata de un pionero, emprendedor, visionario, innovador, romántico e idealista, me atrevería a decir que es de esas personas con pensamiento divergente, pero que muy divergente, a veces puede resultar hasta extravagante.

En ámbito futbolero un abrebotes podría ser Raúl, el siete del Real Madrid, o lo que es actualmente Leo Messi, capaces de desatascar un partido por sí mismos, con una genialidad en el momento más tedioso.

Un abrebotes es uno de esos políticos que no solo muestran sus ingresos y el de su cónyuge, sino que trabajan ocho o doce horas al día, responden preguntas de los ciudadanos, pagan sus comidas y cenas con su dinero y no están pendientes de la dieta.

Una abrebotes es una mujer que grita «¡basta ya!, no me toques las narices ni me piropees gratuitamente».

Puede ser un catalán que viaje a Badajoz en período electoral al funeral de su abuela materna.

El abrebotes nace, no se hace. Puede nacer en familia humilde y labrarse un presente espléndido y nunca olvidará cómo su madre guardaba el pan sobrante del día, por si acaso. Puede nacer en familia acomodada y no presumir jamás ante sus amigos, ni siquiera evidenciándolo en verano, vistiendo camiseta, chanclas y un viejo pantalón corto y ser el primero en pagar sin esperar a que le toque.

El abrebotes tira del carro aunque haya momentos en su vida que el carro se hunda en el fango. No olvida a sus cuatro amigos aunque no hable con ellos durante dos meses. Es el primero en escuchar y el último en hablar.

Hay abrebotes que ya apuntan maneras en el colegio. Algunos se camuflan en el patio en el rincón de los otros, los raros, los diferentes, o se escudan tras sonrisas, gafas de cristales distintos o eternas ausencias o bajas calificaciones. Y es que un buen abrebotes no pasa por el mismo aro que cualquiera, aunque calle o grite.

El abrebotes, finalmente, ve soluciones y no problemas, y cuando estos inundan su horizonte siempre surge un ángel@-abrebotes que les recuerda quienes son.

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