La Rioja

Adoctrinar o enseñar

No son lo mismo. Aunque haya mandatarios eclesiales que quieran identificarlos. Todo ello a costa de la enseñanza de la asignatura de la religión en centros públicos. Como los argumentos derivados del privilegio consignado en los Acuerdos con la Santa Sede sólo convencen a quienes están cegados por la obediencia jerárquica, dado el Estado aconfesional en que constitucionalmente estamos instalados, recurren a esos pseudorazonamientos muy alejados de la lógica.

La arbitrariedad del sistema vigente en que la religión se ha convertido en una asignatura más del currículum docente y como tal evaluable lo mismo que el resto de las asignaturas, viene reforzada por la designación por los obispos del profesorado que es pagado con fondos públicos. A las repetidas protestas contra este sistema se amparan en aquellos Acuerdos de carácter internacional y en la amenaza de los votos de sus devotos, a la que son sensibles ciertos partidos.

¿Quiénes son esos profesores? ¿Cómo se les selecciona? ¿No se les exige una determinada conducta pública y privada, de manera que si no se ajustan a los criterios marcados por la jerarquía se les priva de la venia docendi? Y el contenido de la enseñanza que han de dar, ¿no viene marcado taxativamente por la doctrina más dogmática y excluyente que se da dentro de la pluralidad eclesial? ¿No es esto una catequesis? ¿Su marco propio no sería el familiar o el parroquial o un centro privado erigido con ese planteamiento pero nunca un centro público?

Las pretensiones de otras religiones para tener un status parecido han merecido los aplausos de esas jerarquías católicas que ven en ello una igualdad formal y un reforzamiento de su postura. ¿Podría consentirse el adoctrinamiento en ciertos postulados de cualquier religión que fueran en contra de los Derechos Humanos?

Es cierto que no puede entenderse el Arte ni la Historia sin conocer la Religión. Podría decirse más: quien sólo sabe una religión, no conoce ni la suya. Por ello, es necesario una asignatura que abarque científicamente el Hecho Religioso y la Historia de las Religiones. Asignatura obligatoria en los todos los cursos de la enseñanza obligatoria para todos los alumnos. ¿Y no debe corresponder la enseñanza de esa asignatura a un cuerpo público de profesores que hayan superado la correspondiente oposición y obtenido su plaza lo mismo que el resto de los profesores?

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