La Rioja

Profesores y sospechas

Tengo en casa un rincón de pensar. Me tumbo allí y miro al techo. Dedico un rato a dar vueltas a las cosas que han sucedido durante el día. Ayer recordaba la primera vez que vi mi nombre en la lista de plazas de interinos con plaza adjudicada. ¡Qué ilusión! Me había tocado, no sin mi esfuerzo, un gran premio.

Mis padres, profesores con muchos años de experiencia a sus espaldas, me sentaron y comenzaron a darme sus primeros consejos. «Nunca te quedes a solas con un alumno con la puerta cerrada de clase». ¡Dios! ¡¡Qué exagerados!! ¡Qué podría pasar! ¡¡¡¡Son niños!!!!

Lo era, lo soy y siempre seré una ingenua y un poco inocente. Me gusta pensar que la gente, a priori, no actúa con maldad cuando nos hacen daño.

Todos los días vemos en los medios de comunicación programas y artículos de opinión que nos hablan de la necesidad de crear leyes que protejan a las mujeres, nos hablan equipos de expertos y nos muestran elaboradas estadísticas. Pero hasta ahora no he visto un programa, ni siquiera uno, que analice el daño moral y psicológico al que se somete alguien que ha sido denunciado falsamente.

Las consecuencias de esas denuncias no se muestran, parece que no existieran. Nadie nos muestra gráficas de porcentajes, no vemos equipos de expertos analizando los daños psicológicos, muchas veces permanentes, que pueden sufrir estas personas.

No conozco a este profesor, pero hasta que no se demuestre lo contrario, tiene mi total apoyo. Cuando arrugamos un folio, aunque lo volvamos a estirar, nunca vuelve a su estado original.

cartas@larioja.com

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