CARNÉ DE LOCO

MANUEL ALCÁNTARA

Las declaraciones del que hasta hace dos días era considerado excelente ministro de Justicia han desbarajustado todo. Se ha atrevido a decir lo que muchos pensamos, porque pensar es hablar con uno mismo, y él ha dicho que el voto discrepante de la sentencia de La Manada procede de alguien que tiene «un problema singular». Por no llamarle majara, ni majarón, ni extravagante. Esa gradual escalada le ha provocado el rechazo del mundo judicial, que pide su dimisión por expandir dudas sobre lo que para muchos es una certeza: que el juez discrepante del fallo de La Manada puede no estar en sus cabales. No le ha tildado de mala fe, sino de tener «un problema singular» sobre la capacidad del magistrado que firma el voto discrepante. Siete asociaciones profesionales de jueces y fiscales han calificado sus palabras de temerarias, pero a él le acompaña la razón cuando dice que otros la han perdido.

Quizá la locura provenga de un exceso de introspección, pero en todo hay grados y no es igual tener algo de loco que estar como una cabra, más que nada porque las cabras no votan. El 1 de Mayo nos ha dejado sin que Rivera y los sindicatos lleguen a un acuerdo, porque el único que existe es sobre la discrepancia. «Cuando todos saben que este juez tiene algún problema singular», no dice exactamente que haya perdido la razón, sino que la busca por otra parte, que es el ancho lugar donde no se encuentra. Lo único que podemos ver claro en este 1 de Mayo es que Rivera y los sindicatos están más alejados que nunca. Los que trabajamos todos los días del año, como los carteros y yo, sabemos que los días de fiesta, aunque sea la fiesta del trabajo, debemos aprovecharla para dar un largo paseo, o sea, para hacer lo que hacemos todos los demás días.

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