En menos que canta un gallo

FÉLIX CARIÑANOS

Hay que ver qué animación reina en nuestras calles y, por lo que se entera uno, en el mundo entero. En España da la impresión de que a bastantes les pica todo el cuerpo; qué manera de contorsionarse; no sé cómo no se les descoyuntan todos los huesos. Y es que no se han enterado de que esta sociedad actual, junto con sus múltiples criterios sobre la manera de solucionar los problemas de esta vida, tiene los días contados. Sí, como lo oye, mejor, como lo lee.

Es muy posible que usted no se lo crea. Son tantos los deshielos informativos que descienden de las montañas del poder que los humanos, y los españolitos entre ellos, nos creemos más listos que el que asó la manteca. Nos parece que hemos alcanzado el mejor de los mundos, pero ya, ya... A este tipo de sociedad no le quedan ni veinte años. Lo que yo le digo. Es más; si usted pertenece a eso que en los años setenta y ochenta de la pasada centuria se denominaba clase media o baja, va a tener suerte, aunque menos que los ricos como yo que venimos de cuna, según le ocurre también a esa mujer a la que la propia reina le abre la puerta del coche: rasgos del protocolo familiar, frecuentemente tan esclavos.

Se lo revelaré de una vez por todas: mientras usted se preocupa por la falta de goles de los millonarios del Barça, las dentelladas fraternales entre los salvadores de la Patria, los impedimentos económicos de la subsistencia diaria y el escaso caso que le manifiesta la persona amada, existen organizaciones de científicos y especialistas en relaciones humanas que laboran denodada y certeramente para llegar a soluciones vitales inimaginables hoy por nuestro lento, errático y equivocado trajín. En menos que canta un gallo se nos va a proporcionar -instalar, y no se asuste- un chip que desde años viene probándose con fortuna en distintas especies de animales y que soluciona cuestiones como la comida, el trabajo, las depresiones, las herencias, los masters... Un chip que le permitirá a usted acceder a sus espectáculos favoritos propios de la sociedad del ocio para que no se aburra lo más mínimo. No se trata de un cuento. La Humanidad tiene esa solución en sus manos a poco que utilice la inteligencia. El chip nos ayudará a convencernos de que podemos.

No obstante, esos científicos y especialistas en relaciones humanas han tropezado con un obstáculo duro de pelar aún: las guerras. Mas me han llegado noticias desde Estados Unidos, China, La India y Alemania, países que manejan el cotarro del solvente aparatito, que este está a punto de dar con la solución. Sabemos que el Gobierno español es informado acerca del proceso día a día, aunque no participa en el proyecto porque todavía se hallan ustedes saliendo de la crisis, pero todo llegará. Esta sociedad caduca se acaba en menos que canta un gallo, animosa expresión de nuestra antigua y venerable sociedad agrícola. Sean felices, por adelantado.

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