Cambio climático, S.A.

«Es necesario revertir la influencia que las grandes empresas de energías fósiles ejercen en la lucha climática y el continuo acaparamiento que se perpetúa a través de estas políticas, cuyos efectos se sufren aya en todo el planeta»

Las observaciones en el Pacífico desde los años 60 demuestran el calentamiento global. Las primeras conclusiones son claras y apuntan que su origen es un sistema de producción basado en la continua quema de los combustibles fósiles. Desde el comienzo de la preocupación climática las grandes industrias mantienen una ofensiva para desmentir, negar o poner en contradicción tales observaciones que atacan de forma directa su modelo de negocio. Así, no es difícil encontrar cómo grandes empresas petroleras (Shell, Exxon, BP...) han invertido enormes cuantías económicas en la publicidad y justificación de lo que se ha denominado el «negacionismo climático».

Aunque la llegada al poder de Donald Trump ha hecho resurgir alguna de estas voces negacionistas, hoy son una clara minoría. En el mundo actual afirmar que nuestras emisiones de gases de efecto invernadero no tienen consecuencias climáticas es simplemente un anacronismo, del mismo modo, que seguir afirmando que la Tierra es plana. Conscientes de ello, los grandes intereses fósiles han cambiado su estrategia y abrazado el concepto de cambio climático en favor de su lucro.

De la derecha a la izquierda política y hasta la más sucia de las empresas apoya en el ámbito público cuestiones como la transición energética. Pero muchos siguen manteniendo coletillas como, el precio, la seguridad energética, la competitividad, el empleo..., cuyo objetivo no es más que posponer el inevitable cierre de los sectores fósiles, fortaleciendo su modelo de negocio profundamente antidemocrático. Una estrategia que necesita de la complicidad de los legisladores para que la ley favorezca sus intereses, hurtando con ello el derecho de la ciudadanía de proteger su futuro.

Como muestra el libro de de Nick Buxton, las grandes empresas fósiles hunden sus raíces en los grandes centros de toma de decisiones climáticas. Así, podemos ver cómo las propias Naciones Unidas admiten como interlocutores válidos a las grandes petroleras dentro de las cumbres climáticas. Incluso permite que sean patrocinadores oficiales de estos encuentros u otorga la presidencia del grupo de trabajo para la puesta en marcha del Acuerdo de París a Arabia Saudí.

Analizando el calentamiento global en términos de seguridad, vemos que este actúa como un «multiplicador de amenazas», agudiza los actuales conflictos y nos conduce a un mundo más inestable. Los burócratas de la seguridad amoldan a sus intereses la desestabilización del clima. Los ejércitos se ofrecen como salvadores ante la catástrofe que viene y las corporaciones calculan ya sus beneficios en base a jugosos contratos de equipamiento militar y material para el reforzamiento de fronteras. Este proceso profundiza la exclusión y las desigualdades sociales entre grupos y países privilegiados, a salvo bajo el seductor paraguas del aparato de seguridad, y las personas desposeídas y expuestas a los impactos de la crisis climática.

Esta captura de las negociaciones climática está evitando la toma de decisiones efectivas, además de orientar muchas políticas hacia falsas soluciones tecnológicas y políticas que siguen incrementando su poder sobre recursos fundamentales como el agua, los ecosistemas o la energía.

Es necesario revertir la influencia que estas grandes empresas ejercen en la lucha climática y el continuo acaparamiento que se perpetúa a través de estas políticas, cuyos efectos ya sufren numerosas comunidades de todo el planeta. Según se mantiene en el citado libro: «Una respuesta justa a los efectos del cambio climático requerirá un renovado énfasis en la democracia, vaciada por el capital transnacional y el neoliberalismo y amenazada aún más por las narrativas de seguridad climática». Así, la profundización en la democratización de los recursos como el energético, a través de proyectos compartidos energéticos, alimentarios, de movilidad..., es una pieza clave en la que se debe basar la solución a la crisis planetaria actual.

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