Calentones preelectorales

Los que creyeron a ciegas los resultados del referéndum del 1-O dudan de la limpieza del próximo

MARGARITA SÁENZ-DIEZ

Resulta curioso. Los partidos independentistas que dieron por irrefutable el resultado del referéndum del 1 de octubre en Cataluña alertan ahora del riesgo de amaño en las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. Esta vez, en cambio, no se espera la repetición de lo ocurrido en junio de 1993, cuando Javier Arenas y Alberto Ruiz Gallardón insinuaron, la misma noche electoral, la existencia de un pucherazo tras la inesperada derrota de José María Aznar.

Hasta que se conozca la decisión del magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena acerca del futuro del exvicepresidente de la Generalitat, los siete exconsellers y los dos 'Jordis', seguirá haciendo volar ese globo de desconfianza bastante fácil de pinchar, por cierto. En la amarga jornada del 1 de octubre, los datos oficiales sentenciaron que el sí había ganado con el 90,09% de los votos, mientras el no había cosechado un 7,87%. Los datos de participación superaron los 2,2 millones. Ni por asomo los convocantes de la consulta dudaron de la veracidad de los resultados.

Aunque faltó la supervisión de la Sindicatura Electoral, que iba a hacer funciones de la Junta Electoral además de velar por el escrutinio. Semanas antes, el Tribunal Constitucional había impuesto a sus siete componentes y a los quince que se ocuparían de las demarcaciones territoriales multas de entre doce mil y seis mil euros diarios. La Sindicatura, claro, fue disuelta al instante. No había que correr el riesgo de que sus flamantes miembros dimitieran en cascada o entraran en irreversible bancarrota.

Nada más se supo, tampoco, de los académicos internacionales que iban a asumir las funciones de la disuelta Sindicatura. En cuanto al censo electoral, se declaró «universal» para que todos los ciudadanos pudieran depositar su voto en no importa qué colegio electoral.

Esas triquiñuelas no han impedido ahora que cunda el recelo sobre la limpieza del próximo recuento oficial. La mera insinuación de que éste va a disponer de menos garantías que el del pasado 1 de octubre se acerca al ridículo.

ERC ha anunciado que organizará un recuento paralelo, aumentando el número de sus interventores en torno a cada urna. Bienvenido sea. En España el recuento de votos lo realizan de forma manual ciudadanos elegidos al azar. Contabilizan papeleta a papeleta en cada una de las mesas electorales, y en presencia de los interventores y apoderados de los distintos partidos. Aunque aún queda alguna zona de sombra que hay que subsanar: el lamentable funcionamiento del voto desde el extranjero. Esta vez, todos los catalanes que quieran pronunciarse desde el exterior deberán recibir a tiempo las papeletas, si han cumplido con todo el trámite burocrático que supone «rogar el voto». Lo demás son simples calentones preelectorales.

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