Caleidoscopio judicial

Caleidoscopio judicial

RICARDO ROMANOS

Socorro, auxilio, hermanos y hermanas! ¡Estamos rodeados otra vez, nos ahogamos! Un tempestuoso oleaje judicial, un sunami de chorizos, un diluvio de políticos enfangados, una manga de mangantes y una tromba de togados, jueces, fiscales y abogados defensores ha caído de nuevo sobre nuestras doloridas espaldas. De repente. ¿No queríamos lluvia ante esta pertinaz sequía? Pues toma chorretones: que si Junqueras sale o no sale del trullo, se presenta o no se presenta pero se presenta; que si salen del maco los Jordis y que si Correa ofrece colaboración a cambio de salir de la cárcel, o sea, que se va a dedicar al bel canto y de esta no salimos hasta el día del Juicio Final; que si Marjaliza, ese ilustre constructor, se la ha metido doblada a Granados con el papelamen neblinoso en los carritos de Mercadona; que si don Arturo, el Mas, está buscando desesperadamente unas pelillas para no entrar en la trena, el pobre. Y así: la Audiencia sienta en el banquillo a Rato y otros 37 compadres por la salida a Bolsa de Bankia, la fiscalía de Bruselas pide que se ejecute la extradición a España del otro pobre, el exiliado (manda huevos) Pusdemón; la Forcadell sale de la penitenciaría porque ella sí ha conseguido pagar los trámites, es persona de mucha solvencia: pasta gansa, quiero decir; González (el socialista no, el pepero de Madrid, el prendas) anda enjuiciado, penando, muy entristecido, porque lo han abandonado los que fueron suyos de él, un partido de mierda, según sus leales palabras. Y, zaplaneando en su móvil pinchado la Benemérita nos enteramos de que la condesa de Murillo, esa ya desesperanzada Esperanza, es una hija de su mala madre; el partido que nos gobierna resulta resultando que era (fino eufemismo, repito: era) una banda de apandadores muy bien organizada: será, porque lo ha dicho una fiscal, o una jueza, un alguien con mucho conocimiento de causas, y lo sentarán en la banqueta por destrucción de pruebas, encubrimiento y otros discos duros. Oh, miren, hermanos y hermanas, quién aparece por aquí guapamente, que raro: el director de OkDiario, el patriótico periodista (o lo que sea) Eduardo Inda, amiguísimo de Granados y del súperpoli Villarejo, ya en chirona por cohecho, blanqueo y otros papeleos panameños. Pues parece que al Inda le pueden meter un purito por la vía penal, ay madre qué dolor, por acusar en falso a Luis Benítez de Lugo, un mando en plaza de Podemos. ¿Calumniar don Eduardo? No me lo puedo creer... Menos mal que si los entrullan a todos y todas estarán muy bien atendidos, ya que para todos estos señoritos y señoritas tenemos unos apartamentos monísimos en la cárcel de Estremera, toda ella una pocholada, como muy bien han acreditado las fotografías que nuestro ministro de Interiores (aquí nunca mejor dicho) les ha pasado por el morro a los juristas flamencos, porque para flamencos nosotros. Y olé. Y aquí dejo la ironía aparcada. «Quiyo, follarnos a una gorda en San Fermín sería apoteósico», «Mejor follarnos a una gorda entre cinco que a un pepino de tía yo solo»: frases en el móvil de uno de los hijoputas de la piara de cerdos, esa manada, que violaron a una chica en un portal pamplonés. Como fueron dichas antes de la consumación de los hechos no constarán en el sumario. Pero sí lo harán, a la escritura de estas líneas, las fotografías propias que la chica colgó en las redes sociales meses después del suceso, quizá sonriendo, acaso despreocupada, aportadas por un detective contratado por las familias de los bestias. Como dijo aquella mente prodigiosa que se llamó Jesús Cardenal, fiscal general del Reino de España con Aznar, «estas cosas antes no pasaban porque las mujeres sólo salían de casa, y siempre acompañadas, para ir a misa o a la novena». Esperamos que, a la décima y ya será hora, a estos cabrones les metan las del pulpo. Y no en Estremera. En Botafuegos, por ejemplo, una de las cárceles más duras y violentas de España. El deshonroso benemérito lo va a tener crudo. Que se jodan largamente.

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