Cainismo y política

El encarnizamiento con las imágenes de Cifuentes afecta a la calidad democrática

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Hay en la decisión de filtrar las sórdidas imágenes de Cristina Cifuentes en un supermercado un síntoma de descomposición institucional y política.

La ya ex presidenta de la Comunidad de Madrid debería haber dimitido cuando se filtraron las presuntas irregularidades de su máster, o haber dado una explicación humilde que buscara captar la benevolencia pública en el reconocimiento del error. Se condujo Cifuentes con soberbia, con empecinamiento, con chulería. El impacto de las acusaciones no fue suficiente para que dimitiera y ahora los cainitas agraviados que la circundan y le desean lo peor desde hace tiempo, disparan una munición acumulada en el armero durante siete años.

Me da pena ver a esta mujer en una imagen que no es delictiva, sino patológica. Es evidente que Cifuentes tiene cuarenta euros, y cuatrocientos, para gastárselos en cremas. Si las ha hurtado es porque tiene un problema como lo tenían otras personas que robaron, siendo ricas, cantidades infinitamente mayores.

Tengo la sensación de que Cifuentes puede ser culpable en su máster, en cómo ha reaccionado luego y cómo no lo hizo antes, pero que tiende a ser percibida como víctima en la repetición, hasta la náusea, de estas imágenes.

Luego esta el trapicheo, sórdido, al que se prestan algunos medios de comunicación, que más que dar noticias las ejecutan mientras se presentan como adalides del periodismo. Vivimos en un clima de chantaje continuo que envilece la vida política y también a parte del periodismo.

Cifuentes se ha empecinado en ir hasta el límite, su partido le regaló un aplauso soviético en la convención de Sevilla y la blindó con las explicaciones de manual, difundidas en otros casos hasta el umbral de la dimisión. Ahora se va después de una maniobra que daña a la propia Cifuentes, a las instituciones y a su partido.

Los ciudadanos, hastiados, acumulan más motivos para la desafección, para el rechazo generalizado. Se ensanchan los espacios de deterioro: políticos que se van a la cárcel después de haberse autoproclamado éticamente irreprochables, grabaciones antiguas que se usan como dagas en las luchas intestinas, el chantaje como mecanismo engrasado por enemigos íntimos, con la colaboración necesaria de algunos periodistas. Un destrozo institucional, una fábrica de descreídos, que se sentirán autorizados a aplicarse eximentes para las posibles irregularidades que puedan cometer de ahora en adelante.

El encarnizamiento en la difusión de las imágenes de Cifuentes, el hecho de que salgan ahora, refleja un grado de descomposición que afecta a la calidad democrática de nuestra vida política. Urge una regeneración.

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