En busca de una estrategia turística

El debate sobre la situación del turismo en La Rioja, que desataron las opiniones del cocinero y empresario Francis Paniego tras conocerse una estadística que revela un importante descenso en el número de visitantes extranjeros, no puede reducirse a una mera polémica de datos, cifras y porcentajes. La trascendencia de la cuestión va mucho más allá. Quedó patente el pasado domingo cuando otras voces del sector se sumaron a través de estas páginas a las reflexiones críticas del chef de Ezcaray. Y tanto o más ayer en la respuesta que desde el Ejecutivo regional mereció el punto de vista origen de la controversia. Pero ni en la interpretación de los números ni en los análisis de parte, por mayor vehemencia que se emplee en ellos, está la clave de la cuestión. Porque es cierto que el turismo regional renquea. Sea un catarro leve o una afección gripal, el diagnóstico revela dolencias que atender. Ya en agosto, el presidente sectorial de los hoteleros riojanos, Demetrio Domínguez, lanzaba una alerta: «La promoción del turismo en La Rioja tiene unos recursos que son ridículos». Ahora ha sido Paniego el que ha abierto lo que debería ser un salutífero intercambio de pareceres y propuestas para que el turismo, como actividad económica, pueda ofrecerse como la alternativa real que se pretende desde la propia Administración a otras cuya aportación al PIB regional decae en irrefrenable progresión. El debate, pues, no puede ser más oportuno. El sector clama por una estrategia, una plan que articule ordenadamente el desarrollo turístico regional. Un plan como el que comprometió el propio presidente Ceniceros en su discurso de investidura (julio, 2015) y del que poco más se supo. Quizás la polémica ahora abierta, lejos de provocar reacciones airadas, debería servir como excusa para sentar en la misma escena a todos los protagonistas y empezar a hablar sobre un sector que, no en vano, aporta ya en torno al 10 por ciento del PIB riojano.

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