BUSC AR LA SALIDA

MANUEL ALCÁNTARA

Sería más fácil, dentro de las dificultades, si no se agolparan tantos en la puerta. Si los descontentos se unieran, ganarían las elecciones, pero cada partido se queja donde más le duele. Todos los equilibrios son inestables incluso para los equilibristas, que son los que tienen más miedo a caerse. Por eso se entiende, aunque no se comprenda, la resistencia de Rajoy por mantener el famoso artículo 155 antes de que se convierta en un artículo mortis. Mientras, los grupos probilingüismo pretenden llevar a la Eurocámara el modelo educativo catalán, aprovechando que entre los sastres no se cobran las hechuras. Para acabar de arreglarlo todo, han llegado las exhumaciones en el llamado Valle de los Caídos. El independentismo es contagioso y deriva de una forma trágica de entender España diferente de la mayoría de los españoles. Los 32 diputados de la formación que preside Albert Rivera son el principal apoyo con que cuenta el Gobierno, pero es necesario que le salgan las cuentas. Los máximos representantes del Poder Legislativo, que no puede casi nada, se esfuerzan en frenar al nacionalismo radical. Mal asunto, pero no los hay mejores.

Mi de verdad inolvidable Rafael Azcona, al que conocí cuando los dos andábamos por los veinte y pocos años en el madrileño Café Varela, preparaba un libro del que sólo tenía el título: 'Los muertos no se tocan, nene'. El que fuera el mejor guionista de nuestro cine hacía por aquel remoto tiempo unos versos trágicos, empapados de misericordia. Después dejó la poesía, pero no la misericordia. ¿Qué hubiera opinado hoy de las exhumaciones en el Valle de los Caídos?, ¿y qué hubiera dicho sobre el respaldo a los Presupuestos? Los dos fuimos discípulos de Mingote, pero él con mucho más aprovechamiento.

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