'Brexit' a la deriva

Sin mayoría parlamentaria, la estrategia del Gobierno británico para el 'brexit' está patas arriba, los ministros dan mensajes contradictorios y May no sabe responder a Bruselas

¿Qué es lo que quieren ustedes? Como la segunda ronda de negociaciones sobre el 'brexit' continúa esta semana, la pregunta que plantea Michel Barnier, el jefe del equipo negociador de la Unión Europa, al Gobierno británico parece algo sencillo y apremiante. Por desgracia, la respuesta de Londres es menos inteligible que nunca. Ya ha pasado más de un año desde que el referéndum abrió una brecha importante en la sociedad británica (un 48% de los votantes estaban en contra del 'brexit'). Las elecciones generales en el Reino Unido el mes pasado no han aclarado nada y la primera ministra tory, Theresa May, ha perdido su mayoría. «Gran Bretaña no conseguirá un buen acuerdo si tenemos divisiones profundas y un Parlamento sin mayoría ('hung parliament')», avisó May durante la campaña. Pero eso fue el resultado.

Sin mayoría, las elecciones han dejado a May justamente donde ella no quería estar. Ahora, la primera ministra no controla la legislatura y está a merced de los diputados en Westminster. Para May la cruel realidad es que el poder ha pasado de su Ejecutivo en Downing Street a los 650 diputados de la Cámara de los Comunes.

Como consecuencia, la estrategia del Gobierno británico ya está patas arriba. La frustración en Bruselas es evidente. La Comisión Europea quiere poner el proceso en marcha pero se queja de que las propuestas británicas carecen de detalle. La retórica vacía de la campaña electoral ahora no vale para nada. 'Brexit' significa 'brexit' solían decir May y su equipo. Lo que eso significaba en la realidad nunca estaba claro. Algunos de sus ministros querían un 'brexit' duro, es decir, una separación limpia entre Reino Unido y la Unión Europea. Otros querían un 'brexit' suave con una relación estrecha con la UE como la de Noruega o Suiza. La primera ministra dijo que estaba a favor de un 'brexit' «rojo, blanco y azul». Como un enunciado del oráculo de Delfos, sólo un dios/a sabía lo que significaba esto. El problema central ahora es que la primera ministra todavía no sabe responder a una simple pregunta: ¿cuál es su visión de 'brexit'?

Y el reloj está corriendo. La confusión era palpable incluso antes de las elecciones generales. Con cada semana que pasa se vuelve peor y ahora es aguda. Fuera de la oficina de Downing Street, los ministros de May dan discursos contradictorios. El ministro de Asuntos Exteriores ha adoptado un tono duro e insiste en que si no hay acuerdo con la UE sobre el 'brexit' a él le da lo mismo. Pero el ministro de Economía es mucho más suave y advierte de que el coste del 'brexit' para el comercio británico podría ser incalculable. Mientras tanto, el ministro encargado de las negociaciones parece contradecirse a sí mismo y sus respuestas dependen del día: a veces ha dicho que el acceso del comercio británico al mercado único es «imprescindible» pero en otros momentos le ha quitado importancia al tema.

Tal vez el comentario más elocuente sobre la confusión en el seno del Gobierno británico es que de repente ninguno de los rivales de May quiere echarla de Downing Street. En este momento, ninguno quiere ser primer ministro. Esto es extraño porque los tres ministros más poderosos que dirigen las negociaciones -David Davis (ministro del 'brexit'), Boris Johnson (ministro de Asuntos Exteriores) y Liam Fox (ministro de Comercio Exterior)- son euroescépticos hasta la médula y las caras tory más visibles de la campaña para el 'brexit'. Los tres son muy ambiciosos y cada uno, en su momento, se ha presentado para ser líder del partido tory y, por supuesto, primer ministro. Sin embargo, de sopetón y a pesar de la debilidad de May, ninguno quiere asumir la máxima responsabilidad de lo que está pasando. No lo quieren porque, como May, no pueden dar unas respuestas coherentes a las preguntas sobre el 'brexit' ni son capaces de construir una mayoría de votos en la Cámara de los Comunes.

Pero si el Gobierno británico está paralizado, los otros socios europeos están preparados. Sólo un ejemplo ilustra la torpeza del equipo de negociación británico por comparación. La Autoridad Bancaria Europea y la Agencia Europea del Medicamento están radicadas en Londres -de momento-. Lógicamente, si el Reino Unido ya no formará parte de la UE las sedes se trasladarán, pero un portavoz del Gobierno británico negó que esto fuera inevitable e insistió en que el futuro de las agencias sería «una parte de las negociaciones sobre el 'brexit'». El mes pasado, los líderes europeos acordaron que las agencias saldrían de Londres. Los líderes de los 27 tomaron la decisión después de un debate que duró sólo cuatro minutos. Tal vez el Gobierno británico ya no sabe tomar decisiones, pero los otros socios sí.

Fotos

Vídeos