Blesa

RICARDO ROMANOS

Tenía yo el propósito de haber filosofado ligeramente con usted, esto es, sin entrar en profundidades ni calentarnos los cascos, pues para ello ya están las olas de calor que nos tienen fritos, sobre dos asuntos, dos noticias que sin embargo me han traído a mal traer durante toda una semana llenando mis meninges de perplejidad. El primero de ellos nos ha pillado de cerca y este periódico informó cumplidamente dedicándole primeras en un par de ocasiones y bonitas fotos en color. Me refiero a los okupas anarco-comunistas* que allá por los años ochenta del siglo pasado se hicieron, vaya usted a saber cómo y con que plácemes, con una bajera en el mismísimo ayuntamiento de Jalón de Cameros, destinándolo a vaya usted a saber qué extraños y revolucionarios operativos. Claro que, aparentemente, amainadas las agitadas pasiones de aquella locuela juventud por el ineluctable paso del tiempo y entrada en razón por la luz que la experiencia procura al entendimiento, aquel local se convirtió en el Hogar de la Tercera Edad, con su microondas para calentar las papillas y el café, su calendario en la pared, sus sillitas, sus mesitas para jugar al mus o al dominó, sus merendolas y otros buenos ratillos. Y es que en Jalón hay mucha tercera edad. Salvo la alcaldesa, que es joven y además diputada, el 90 por ciento del vecindario de sus 17 vecinos censados en 2016 son venerables ancianos. Venerables: palabra muy pasada de moda, ya no se escucha. Así que, bajo capa de celebrar el Día del Camero Viejo en Jalón, la alcaldesa y diputada aprovechó para desalojar a los peligrosos okupas de la dependencia municipal. Con la inestimable ayuda de la Guardia Civil, vaya papelón, señor gobernador civil de la provincia, y un cerrajero. No fuera a ser que a los anarcos les diera por la violencia y, como suelen, la emprendieran a patadas o cabezazos contra la puerta. Y digo yo, ¿el consenso, el diálogo, la sensibilidad que a una joven alcaldesa y diputada del PP se le han de suponer para con sus mayores y, además, vecinos, no hubieran servido para arreglar el despropósito en que desembocó la situación? ¿O es que había previamente algún enfurruñe entre la dignataria y sus súbditos? Esperemos que tras la fiesta las aguas vuelvan a su cauce y los peligrosos ácratas comunistoides recuperen su saloncito para seguir revolucionando al mundo con partidas y merendolas, aquí paz y allá gloria. ¿O no? El otro asunto que me ha traído de cabeza ha sido el del eyaculador de Newark, allá por las tierras del Trump. Resulta que un tal Lewis Williams tuvo una agria discusión con su jefa, Linda Moore. Pero pícaro él, disimula disimulando, aparentó firmar las paces y se brindó a llevar a su superiora el consuetudinario café. Con leche. Durante cuatro años, 860 recados. Williams iba a la máquina expendedora, llenaba el vasito de café y, tras ordeñarse, él mismo aportaba el lácteo. Mas, digo yo, ¿cómo lo hacía, en qué pensaba para engarabitarse el aparato propio? ¿Era la venganza su única motivación? ¿En dónde y con qué rapidez se la machacaba? ¿Usaba quizá un orgasmatrón? ¿O algún calendario porno de bolsillo? Para mí, un misterio indescifrable. El caso es que le han caído 1.070 años de talego por sus 869 delitos de abuso sexual. Y con su pan se lo coma. ¿Cómo dice usted? Ah, lo de Blesa, por el título de esta Ventana. Ya, qué dolor. Pues que como ni tan siquiera Aznar y otros amigos mafiosos del alma fueron a su funeral, haciendo gala de lo que para los políticos es el sentido de la amistad, bien muerto está que non pernea. Y es pena que no le imiten otros muchos que conocemos. Entre ellos, los del , vaya sabida caterva. Esto es España, esto no es Newark. Y Villar, Gorkita y los suyos acabarán en Ginebra de vacaciones. Somos el país del , ese nuevo palabro para la RAE. Y si no que se lo pregunten a todos los estafados preferencialmente por el elegante depredador y sus amistades. Venerables ancianos, la mayoría. Y otro día hablaremos de Venezuela, faltaría plus.

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