¡Es la biomasa, amigo!

BERNARDO SÁNCHEZ

Nos movemos entre los grandes conceptos que nos atribulan y las miasmas que, en realidad, nos gobiernan: bacterias, virus y neutrinos. Podemos ponernos todo lo estupendos que queramos, podemos subirnos a la parra, pero somos el poso de una conspiración de partículas, de antipartículas, de microorganismos, de filotipos y de secuencias víricas. Y de haces de neutrinos. Con sus antineutrinos, claro, porque esto es como una película de ciencia-ficción de los años cincuenta, con su materia y su antimateria. Y en los huecos entre la materia y su antagonista antimatérico, hay más agujeros negros que en un queso de Gruyere. Todo un poquito serie B. ¿Seremos 'serie B' la especie humana? ¿Seremos una producción de bajo presupuesto (con la excepción de algunos clubs de fútbol, de algunas diputaciones y de algunas derramas)? Luego nos meteremos con el neutrino, que por lo visto es la última estrella en el show del origen del universo. Por lo visto pero... no así, por encima, ni a ojo de buen cubero, sino en una cámara de detector de neutrinos que sólo su miniatura es como una escenografía para El Oro del Rhin de Wagner. De igual manera, en la prensa nos movemos entre el escaparate de lo que llamamos 'actualidad' (tan desfasada y marmota) y las páginas de ciencia (ésta sí, claramente infrapresupuestada en nuestro país; y aún peor: infravalorada): 'la página', vaya, porque -salvo una amenaza de pandemia- no suele publicarse más que una a la semana, como si fuera física recreativa o el Quimicefa de nuestra infancia (tutelada por el Profesor Bacterio, que ya nos contó algunas verdades; él sí que sabía, ¡Gracias Profesor Bacterio!). Sin embargo este encarte científico es lo único que nos revela la realidad tal y como es, aunque no la veamos. Sin ir más lejos, hace unas pocas semanas, la página de Ciencia de El País nos enviaba un aviso a los terrícolas. Y cito titulares: «una reducida aristocracia de bacterias domina los suelos de la tierra». Si entramos en los detalles aún son más intranquilizadores: un 2% de estas bacterias, de clase alta, se basta para gobernar el mundo; no se sabe a qué dedican el tiempo libre y no tienen nombre de pila. Y lo más impresionante -evidencia incontestable de que rigen, desde el lado oscuro, nuestro modelo social-, ¡son capitalistas! Un científico español metido en la investigación lo resume así: «siguen una dinámica muy parecida a la riqueza, unas cuentas engloban la mayor parte de la riqueza existente en la tierra». Por lo tanto, ¡no es el mercado, amigo!, ¡es la biomasa! Y hay más: cuando coges con la uña un gramo de tierra de, no sé, del tiesto de los geranios, pues estás llevándote un surtido de cuarenta millones de estas células bacterianas. Y un capitalito. Por arriba, las cosas andan por un estilo. ¡Vigilad el cielo!, como se advertía al final de El enigma de otro mundo (1951). La misma página de la semana siguiente daba un segundo aviso: «billones de virus y bacterias caídos del cielo recorren cada día el planeta». Bacterias inteligentes, además, que -según aseguraba el periodista- «son criaturas muy especializadas, que infectan a un huésped determinado y no a otro». Mientras tanto, en Chicago, unos técnicos del subsuelo van a enviar un haz de neutrinos campo a través para ver dónde empezó esta vaina del universo. Los neutrinos (y su némesis, los antineutrinos) son de tres tipos -según cuentan los expertos-: muón, electrón y tau. Ahí radica nuestra saga definitiva, o al menos, una buena serie manga. Me imagino a un Profesor Neutrino. Un tipo no con el aspecto de Rasputín que tenía Bacterio, si no como un personaje del TBO, o de La Codorniz. A un tipo pequeño, vestido de negro, un lopezvazquez de Antonio Mercero; o un Mago de Oz. A mí me gustaría que un Profesor Neutrino fuera el guardia urbano de esta proliferación minimalista. Y luego nos preguntamos por qué nos pasan algunas cosas. O por qué nos dejan de pasar. Buscamos razones donde no existen más que microorganismos obrando a todo motor. Ahora mismo, los Presupuestos Generales del Estado, el recibo de la luz, la formación del Govern, las fake news, la inmersión lingüística, la elección de Guindos, la Eurozona, el Real Madrid, la disputa entre el PP y Ciudadanos... dependen de una legión de bacterias que soplarán en un sentido u en otro. No se puede hacer nada. Esto es como el viento del Este y la niebla gris que traían a Mary Poppins. En fin, que las bacterias explican, por ejemplo, España: un solar de bacterias irreconciliables.

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