De barrancos, barrancas y barranquillas

FÉLIX CARIÑANOS

Ya están aquí de nuevo los barrancos. Bueno, no es que suelan ausentarse de nuestras poblaciones durante ninguna de las estaciones del año, pero prefieren hacerse más presentes -para que recordemos que continúan existiendo- en primavera y verano. En los últimos tiempos han dado lugar a esa actividad deportiva y de ocio denominada barranquismo, mas nuestras localidades ubicadas a su vera suelen temerlos cuando amenazan tormentas que a veces los llenan de agua que, mezclada con barro, da con calles, casas, bodegas, bajeras, puentes, coches, cauces y todo lo que se ponga por delante. La yasa y la repera; ustedes lo saben de sobra.

En las poblaciones la distinción y oposición de género -barranco/barranca- alude a su tamaño mayor o menor. En La Rioja existen barrancos muy populares. Uno de ellos es El Colorao o Colorado en la parte norte de la Sierra del Serradero. El nombre le viene del color rojizo de su enorme brecha en la ladera de la montaña. Desde mi pueblo, a bastantes kilómetros de distancia, nos llamaba la atención de mocetes; por eso le pregunté un día a mi padre qué era aquello y me respondió: «Donde el Diablo enterró a su madre». Y me quedé pensando. Treinta años después, habiendo ido con unos amigos de Bilbao a Lapuebla de Labarca por vino, pregunté a un anciano sobre el mirador del Ebro qué era aquella gran cicatriz roja abierta en la sierra de enfrente y me respondió: «Donde el Diablo enterró a su madre». Y me acordé de la contestación de antaño.

También las barrancas se las traen. En una de ellas, La Salada, cuya agua desemboca en el Soto de Valdegón de Agoncillo, que muga con Mendavia antes de dirigirse hacia el Ebro, cuentan que mataron en su yasa a César Borgia. Lo que no suele narrarse es que, hasta bien entrado el siglo XIX, están documentados ahí numerosos asaltos, robos, escaramuzas, asesinatos. Y no se libran ni las barranquillas: a una cercana de la citada la denominan La Barranquilla Ladrona. Otra que tal.

Pues eso, que nuevamente nos visitan estos vecinos. Y lo curioso es que otra vez afloran las quejas de que no hay derecho a que no se haya puesto aún remedio por parte de las autoridades a tanto peligro y a tantas pérdidas, incluidas las humanas, a las cuales no he querido aludir anteriormente. Hemos afirmado que las zonas más amenazadas son las aledañas a estas clases de quiebras físicas, mas casi todos habitamos bien cerca de barrancos con yasas tenebrosas, como por ejemplo las amnistías fiscales, mientras quienes las conceden miran hacia otro lado y silban la canción del caimán que se va para Barranquilla.

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