El azar y las elecciones

El azar y las elecciones

ALONSO CHÁVARRI

El otro día presenté un buen libro de mi amigo Julio Armas y, al acabar el acto, otro amigo escritor, Javier Casis, muy interesado por las casualidades del azar y su relación con el destino, me hizo notar que el autor de la novela había basado los comentarios a su obra en la importancia del azar, mientras que yo, presentador y comentarista de la obra, no había nombrado para nada el azar, lo cual le producía extrañeza.

Aunque pueda parecer una disparidad extraña, la diferencia tenía su lógica. El azar, como sujeto literario, es un tema interesante y se presta a muchas consideraciones por lo que suele ser un argumento bastante común en las historias novelescas, especialmente en las de serie negra, como ocurre en 'Muertes cruzadas', la buena novela negra de Julio Armas. Pero para una persona como yo, que ha ejercido su profesión en las ciencias exactas durante más de treinta años, el azar sólo es un sujeto matemático más que he explicado muchas veces a los alumnos al tratar el tema de probabilidad. En los experimentos aleatorios, que son los que están compuestos por sucesos azarosos, lo que hacemos es calcular la probabilidad de esos sucesos, lo cual los deja desprovistos de ese aura mágica y un tanto literaria que muchos ven en el azar y que les hace perder, para mí, su interés como sujetos literarios.

Si aplicamos el azar a la política, reconozco que se me viene abajo mi teoría. Parecería razonable que la probabilidad de que un partido político gane o pierda votos debería depender de algunos sucesos azarosos, como si un partido es corrupto o no, o si un partido es mentiroso o no -entiéndase que la condición de partido corrupto o mentiroso la da que lo sean sus políticos, sus cargos electos-; sin embargo, hemos comprobado que la corrupción apenas afecta a la probabilidad de ganar o perder votos, sí afecta a las encuestas sobre las preocupaciones de los españoles, pero no a los resultados electorales, como tampoco creo que afecte a dicha probabilidad el utilizar la mentira como arma política. Ahora que llegan las elecciones catalanas lo podremos ver; los partidos independentistas han mentido hasta el absurdo: no se iba a mover la sede de ninguna empresa de Cataluña, todos los países les iban a reconocer como nueva república, la economía catalana iba a ascender a los cielos... ¿Alguien piensa que el independentismo va a sufrir la severa derrota que sus mentiras alentarían? Me temo que no; me temo que los votantes de la política tenemos poco de sujetos matemáticos, mientras que sí tenemos mucho de sujetos literarios, como piensan del azar mis amigos escritores. Yo no.

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