Asignatura pendiente

Si en la pelea contra la violencia machista las estadísticas son el único indicador fiable para tratar de conocer por dónde se conduce esta batalla social, no es exagerado afirmar que La Rioja la está perdiendo. Los datos sobre violencia de género que acaba de publicar el INE reflejan un panorama poco alentador. Por encima de que las 194 condenas dictadas por los tribunales riojanos el año pasado fueran tres menos que en el ejercicio anterior; más allá, incluso, de que el último crimen machista en la región date del 2009, sobrecoge el repunte de sentencias condenatorias firmes contra menores de 24 años y enciende todas las alarmas que sigan siendo 225 las mujeres que viven atemorizadas y agarradas a la débil defensa que les concede una medida judicial de protección contra su agresor. Son, en cualquier caso, datos fríos, anotaciones al margen de una realidad de la que, como si fuera un iceberg, sólo una parte sobresale de la intimidad de las casas o de las relaciones de pareja. Y en la zona de sombra se esconde un campo de cultivo terrible abonado, entre otros argumentos, por uno de cada cuatro jóvenes que considera «normal» la violencia de género o por uno de cada cinco que entiende que se trata de un asunto «politizado que se exagera mucho». Más allá del trabajo policial y judicial, la asignatura pendiente sigue siendo la educación. Y mientras ésta no se apruebe, se podrán ganar batallas, pero no esta guerra contra la violencia machista.

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