La asfixia y las tiritas catalanas

«La falacia que encuentro más cómica, lo digo con cierta amargura, es la de que España está 'asfixiando culturalmente' a Cataluña. Una bobada. Cualquiera que viaje por Cataluña se da cuenta de que es justamente al contrario»

INOCENCIO F. ARIASDIPLOMÁTICO Y ESCRITOR

La catarata de fábulas e invenciones de los separatistas catalanes ha calado copiosamente en bastantes habitantes de esa comunidad y comienza a regar una

parte de la prensa extranjera.

- Hay patrañas o mentiras fácticas, como, por ejemplo, la de que casi todos los catalanes están por la independencia. La realidad no es esa y los separatistas olvidan apuntar que son ellos los que han logrado que la sociedad catalana se haya dolorosamente dividido, hermanos o amigos que no se hablan, etc.

- Hay otras jurídicas, como aquella -bien acogida en intelectuales extranjeros a los que, como apunta Muñoz Molina, encanta nuestro pintoresquismo- que sostiene que en España pervive el franquismo y la democracia es imperfecta.

La realidad es que somos un estado de derecho con poco que envidiar a los demás occidentales, Cataluña tiene unas competencias no inferiores a las de cualquier estado alemán o estadounidense. Es la Generalitat, como acaba de sentenciar el Constitucional, quien se ha situado al margen del derecho. El Alto Tribunal concluye: «Un poder que niega expresamente el derecho se niega a sí mismo como autoridad merecedora de acatamiento».

- Las hay económicas como la de que España « les roba». Parece que el resto de España tiene una forma ocurrente de robar a Cataluña. El gobierno central esta enviando regularmente fondos para que los proveedores de la Generalitat puedan cobrar, las cuatro capitales catalanas son las únicas de una comunidad española unidas por el Ave y, más importante aún, todos los españoles continuamos comprando desaforadamente productos catalanes. Es normal que así sea. Una buena parte de las medicinas que consumimos, miles de millones de euros, están fabricadas en Cataluña, la comida para tu cachorro o los yogures que consumimos están casi todos producidos allí y un amigo me comentaba, con cierta irritación, que en las tres farmacias de su barrio solo expedían tiritas hechas en Cataluña. Es decir, las demás comunidades españolas somos el principal y suculento mercado para sus negocios, no nos quejamos, muy pocos de nosotros piensan que nos están colonizando desde el siglo XIX. No obstante, oímos que les estamos robando. Fascinante.

- Pero la falacia que encuentro más cómica, lo digo con cierta amargura, es la de que España está «asfixiando culturalmente» a Cataluña. Un extranjero mal instruido, hay bastantes, aunque a veces, intoxicados, escriban sobre nosotros, podría pensar que en nuestra España democrática la cultura catalana ha sido aherrojada, amordazada, asfixiada. Que no puede florecer. Otra bobada. Cualquiera que viaje por Cataluña, y quiera abrir los ojos, se da cuenta de que es justamente lo contrario. El idioma catalán es lógicamente de uso normal y respetado, la televisión catalana aunque siembre, con frecuencia, el odio hacia la idea de España, emite en catalán, hay muchas ediciones en esa lengua y los artistas catalanes crean, pintan, componen, representan obras de teatro y se expresan como les da la gana. En los teatros de Barcelona, según 'La Vanguardia', se estrenan el doble de obras en catalán que en castellano. En las escuelas catalanas se estudian libros de historia con interpretaciones e incluso afirmaciones que no son precisamente asfixiantes para Cataluña sino, a veces, nocivas para la unidad de España.

Luego está la clara y comprensible aceptación por el público español de lo que viene culturalmente de Cataluña. Continuamos con gusto ovacionando a artistas catalanes. Serrat llena, el Tricicle igual, la Fura dels Baus ídem, La Cubana también, Albéniz y Granados no son exactamente despreciados o ignorados. Jordi Savall es admirado. Hay una buena pléyade de autores catalanes ganadores del Premio Nacional de Narrativa y del Cervantes: Carmen Laforet, Ana María Matute, Mendoza, Vázquez Montalbán, Marsé, Terenci Moix... Normal, son buenos y en Madrid o Granada nadie boicotea a un artista catalán. No asfixiamos. En otros terrenos, las universidades españolas han elegido al rector de Lérida como su presidente, el equipo español de tenis es dirigido desde hace días por Sergi Bruguera y los seleccionadores sucesivos de fútbol no han hecho distinciones entre catalanes y extremeños o canarios. En la lista de futbolistas llamados a la selección nacional, los catalanes o integrantes del Barcelona son mayoría entre aquellos que han rebasado el impresionante número de 100 partidos defendiendo a España ( Xavi, Iniesta, Puyol, Busquets...)

No olvidemos, por último, que, ya en el terreno oficial, la sofocante y centralista Madrid acoge y premia a los artistas catalanes. La dimisión de Alex Rigola , director de los Teatros del Canal, por razones no claras (¿si está tan herido por la actuación policial en Barcelona por qué no retira también una obra que él se ha programado en ese teatro?) nos ha hecho ver la existencia simultánea de tres catalanes al frente de teatros oficiales de la capital de España. Matabosch en el Real, Carme Portaceli en El Español y el mencionado Rigola. Tres directores de teatros importantes. ¿ Podría darse lo contrario en Barcelona, tres castellanos dirigiendo a la vez el Liceo y dos teatros de relieve catalanes? Me temo que no. En los escenarios madrileños, y de infinidad de sitios, Jordi Galcerán hace taquillazos día tras día. Sergi Belbel es apreciado, programa en el Valle Inclán.

No olvidemos el medio de influencia cultural por excelencia, el cine. La Academia española, con sede central en el casposo Madrid, ha seleccionado como candidata al Oscar este año a de Clara Simón, una bella película catalana hablada en catalán. Ya lo hizo en el 2012 con otra rodada en esa lengua, , de Villaronga, que también se alzó con el Goya.

No me negarán ustedes, podríamos dar más ejemplos, que lo de la asfixia cultural es un slogan estulto y falso. Irritante.

El drama de Cataluña y de España es que, siendo todo esto una patraña, lo acepten como cierto un número no despreciable de catalanes que lo vienen mamando en el Instituto y en su televisión.

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