Asco de país

El patriotismo es tan nocivo para España como para Cataluña

JUAN FRANCISCO FERRÉ

Ya sabíamos que el patriotismo es el último refugio del canalla. Lo dijo Samuel Johnson en el siglo XVIII y lo han demostrado desde entonces incontables guerras y conflictos. El nacionalismo es la pantalla respetable tras la cual se ocultan los intereses más viles. Ahora no hablo de Puigdemont y su séquito sino de los compatriotas corruptos del franquismo mental. Las conversaciones soeces que hemos escuchado esta semana de los capos de la Operación Lezo no desentonarían en un remake barriobajero de 'Los Soprano'. Estos políticos rufianes se las saben todas y para deleitar a la parroquia votante lo mismo adoctrinan sobre la logística de los burdeles del bajo imperio romano que sobre la decoración de los puticlubs de la España profunda, donde se explota a legiones de rubias eslavas y esclavas. Dicen los expertos que hay que tener el tímpano educado en la España cañí para descubrir bajo la grosería verbal la carnaza picaresca de las ficciones celtibéricas de Cela. Yo discrepo. Las expresiones macarras de González y Moro parecen extraídas, más bien, de los bodrios machistas de Ozores. Y es que las malas películas de la transición, tan rancias como la naftalina de los abrigos de Aguirre, se infiltraron en el cerebro de estos bocazas como el dinero público en los sobres y maletines de sus amigotes del partido.

Entre tanto, los secuaces del clan independentista asumen otra vez sus roles de oro con perfecta sincronía suiza. Expandiendo la vieja estrategia de la araña, el traidor Puigdemont se hace el héroe político ante los medios belgas y finge el papel de presidente exiliado con maquiavelismo denigrante. Se puede tolerar que alguien defienda lo indefendible con dialéctica falaz o imágenes cursis. Lo imperdonable es infamar a todo un país, como hacen los histéricos actores del proceso, tildándolo de democracia indigente o facha. Es irónico: cada vez que se tuitea en catalán un mensaje supremacista antiespañol siempre hay un espécimen de raza superior, un 'freak' de ERC o la CUP, escondido tras el burladero de los 140 caracteres, el límite expresivo de su estrecho pensamiento.

Hasta inventando patrañas patrióticas demuestran nulo ingenio. Puestos a imaginar conspiraciones contra Cataluña no entiendo cómo no se les ha ocurrido (cruzo los dedos) que el imán confidente planeaba una masacre, en complicidad con agentes del CNI, para destruir el proyecto soberanista y sembrar Barcelona de turistas descuartizados. Siguiendo esta lógica paranoica no cabría descartar la hipótesis de la muerte del fiscal Maza como complot ruso. Cosas peores se vieron en la Guerra Fría y después. En fin, para regenerar España necesitaríamos librarnos cuanto antes de muchas ficciones dañinas, electorales, institucionales o culturales y, sobre todo, de los políticos putrefactos que se proclaman patriotas o se vuelven majaderos enarbolando una idea de nación excluyente y necia.

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