Arco empieza por 'Ar'

ALONSO CHÁVARRI

Parece una perogrullada, pero, al hablar de ARCO, la feria madrileña de arte contemporáneo, deberíamos tener en cuenta que ARCO empieza por AR, es decir, que todo lo que allí se muestra, además de ser contemporáneo, debería ser arte; por eso, los responsables de la feria habrían de procurar que la parte artística de las obras fuera de innegable calidad. Viene esto a cuento de la polémica desatada con las fotografías pixeladas de un autor, para mí desconocido, aunque no soy experto en fotografía, que dicen ser de presos políticos catalanes, de los que se vieron implicados en la reciente e incruenta asonada anticonstitucional.

No quiero entrar demasiado en el terreno político, aunque esto me parece un capítulo más del «todo vale para conseguir mis fines», que tan bien escriben los independentistas, incluso poniendo en práctica aquello que tanto critican a los unionistas. Me gustaría centrarme en el aspecto artístico de la cuestión: en las fotografías. No sé si tienen mucho de 'contemporáneo' esas fotografías pixeladas que fueron retiradas de la muestra, lo cual hizo el caldo gordo a las víctimas del 'procés', lo que me parece es que no tienen demasiado de arte, pues al estar pixeladas es imposible juzgar si son retratos de calidad o, por el contrario, son fotografías vulgares que no merecían estar en la feria. Las muestras de arte contemporáneo se han convertido en un auténtico cajón de sastre, en el que cabe casi todo, y no envidio a los responsables de decidir qué se cuelga en las paredes, es un decir, y qué no merece ser colgado. Puede que haya expertos capaces de distinguir la calidad de una buena obra de la tomadura de pelo de otra, pero el no entendido o el simple aficionado al arte, creo que serían incapaces, en muchos casos, de hacer la distinción. Esto nos lleva al eterno problema de las vanguardias, a la débil línea que separa lo verdadero de lo falso, la calidad del arte vanguardista de la broma pesada, la pintura seria del artista de los brochazos coloridos del rabo del burro.

Este problema de las vanguardias es común a cualquier rama del arte. Conocí el caso de un pésimo escritor, con personalidad alterada y dispersa, a quien dieron un premio de poesía, porque el jurado confundió su escritura sin sentido con un poema vanguardista. También tenemos el caso del poeta riojano Armando Buscarini, uno de los peores poetas a los que he leído -y he leído a muchísimos malos poetas-, cuyos únicos méritos, a mi entender, fueron el llevar una vida bohemia en Madrid, dar sablazos a escritores conocidos y morir en la indigencia, pero que tiene calle con su nombre y ha recibido homenajes póstumos. La única sensata, en el caso de Buscarini, es la editorial que lleva su nombre, que ha hecho lo que debe hacer cualquier buen editor: publicar lo que puede ser vendible.

Reconozco que con la pintura me ocurre, como supongo que a la mayoría, que distingo con claridad la calidad en las obras clásicas, incluso en las obras impresionistas, pero me pierdo absolutamente en las obras vanguardistas; sin embargo, no se debería olvidar que, en un evento tan importante como la Feria de Arte Contemporáneo ARCO, lo principal es el comienzo de la palabra, es decir el arte. Lo contemporáneo es una añadidura.

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