Una apuesta decidida por los valores europeos

Europa es, según Juncker, «la comunión entre los corazones y las mentes. En este sentido, la palabra concordia refleja exactamente la naturaleza de la construcción europea»

El pasado viernes la Unión Europea, representada por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, y del Consejo Europeo, Donald Tusk, recibió de manos del Rey el premio Princesa de Asturias de la Concordia. El jurado que nos ha ofrecido este honor ha destacado que «sesenta años después de la firma del Tratado de Roma, la UE representa un modelo único de integración política supranacional con base en una asociación pacífica, progresiva y libre».

Como recordaron los presidentes de las tres instituciones de la Unión cuando conocieron la concesión del premio «hace treinta años España se sumó a esta aventura europea con entusiasmo y espíritu constructivo. Hoy es uno de los grandes protagonistas del proyecto europeo.»

Y como tal, los Premios Princesa de Asturias reconocen el papel conciliador de la Unión. Hoy la gran mayoría de los españoles aprecia la labor de la Unión Europea en sus propias vidas. Así, según el Eurobarómetro publicado la semana pasada, un 70% de los ciudadanos en España piensa que ser miembro de la UE nos ha beneficiado a todos. «España es una fuerza motriz de Europa. Y el lugar de España está y seguirá estando en el corazón de Europa», como señaló el Presidente Juncker en su discurso de aceptación de este premio.

Europa es, en efecto, un espacio singular en el que están presentes los valores fundamentales de democracia, libertad, igualdad de oportunidades, respeto al estado de derecho y protección social. «Es el Estado de derecho quien nos ofrece el espacio que nos protege, que nos permite convivir», afirmó el presidente Juncker. Los patrones fundacionales de los Estados democráticos y sociales de Derecho se vinculan, a través de la Unión Europea, al ideal de los valores compartidos por todos los ciudadanos para construir un proyecto común, que ha demostrado una solidez a prueba de crisis políticas y económicas.

Tal y como ha recordado el presidente Juncker en su discurso Europa es «la comunión entre los corazones y las mentes. En este sentido, la palabra concordia refleja exactamente la naturaleza de la construcción europea, ya que la Unión Europea no solamente un asunto de espíritu, sino sobre todo un asunto de corazón».

El jurado reconoce el papel fundamental de la Unión Europea fundada en principios que «proyectan esperanza hacia el futuro, en tiempos de incertidumbre». Y es ese futuro el que nos mueve a todos los que trabajamos en el proyecto europeo a apostar por las reformas y su consolidación. Y lo hacemos con la ilusión de un futuro compartido.

Es en ese futuro donde el propio presidente de la Comisión Europea puso el foco de su proyecto político en su discurso sobre el estado de la Unión el pasado 13 de septiembre ante el Parlamento Europeo. Y lo hizo en base a tres vectores fundamentales: una Unión Europea que fortalezca los elementos que nos unen, una Europa más social y, finalmente, la mejora de la calidad democrática como palanca fundamental para articular la UE del futuro.

Juncker apuesta, en primer lugar, por una Unión más integradora y unida ensanchando dos de los espacios comunes más relevantes: la libre circulación a través de Schengen, y la moneda de todos, el euro. Después del 'brexit', la libre circulación y la moneda única deben ser centrales en el proyecto europeo.

Apostamos también y de manera decisiva por una Europa que protege a sus ciudadanos, más social y más justa, que evite la fragmentación y el dumping social. Con ese fin, la Comisión se compromete a la creación de una autoridad laboral común que garantice la igualdad y el cumplimiento de la legislación europea. Estamos ya siguiendo una política comercial más transparente. También es fundamental evitar, por ejemplo, que ciertas empresas saquen provecho de huecos legales no suficientemente bien resueltos en materia de pago de impuestos. Queremos, además, mejorar nuestro sistema de asilo, si bien no dejamos de sentimos orgullosos de haber acogido a 720.000 refugiados en 2016, superando con creces el esfuerzo de nuestros socios.

Europa es de sus ciudadanos y tiene como elemento fundacional su carácter democrático y protector de las libertades y derechos de todos los ciudadanos. Por ello, hay que ser todavía más exigente en la mejora de nuestra calidad democrática. Hemos propuesto para ello mejoras en el régimen de partidos políticos y la mejora en la rendición de cuentas. Proponemos la creación de la figura del ministro europeo de Economía y Finanzas que coordine la política económica y financiera de la UE, a la vez que presida el Eurogrupo y sea vicepresidente de la Comisión, rindiendo cuentas ante los diputados del parlamento europeo o la fusión de los cargos de presidente de la Comisión y del Consejo Europeo, entre otras medidas.

Europa tiene futuro, y este premio, que reconoce la importancia de la Unión Europea en la construcción y la consolidación de la democracia y la protección y mejora de la vida de los ciudadanos, no nos sirve para ser autocomplacientes, sino para exigirnos más en la construcción del proyecto común. No cesará nuestro esfuerzo para hacernos, cada día, acreedores de este premio.

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