LA APROBACIÓN

MANUEL ALCÁNTARA

Parecía imposible porque de verdad lo era, pero el Consejo de Ministros ha aprobado los Presupuestos y, además, aspira a nota. ¿Qué importan los seis meses de retraso por la inestabilidad política en Cataluña? Estamos acostumbrados a darle plantones a la esperanza, que es lo primero que se pierde. Rajoy ha aprobado las cuentas y no les ha dado matrícula de honor por no abusar de la mal ganada confianza que le sigue dando la «mayoría numérica». A quienes no les guste la realidad siempre encontrarán una buena guarida en las falsas cuentas, porque incluyen más gasto, bajada de impuestos y aumento de las pagas para seis millones de pensionistas. ¿Qué más pueden querer los que no se conforman con menos? La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y sus partidarios están dispuestos a formar un gobierno con independentistas de ERC para dar por acabado el bloqueo político. Piensan que todo se andará si no les frena nadie, pero exigen una mayoría social, que ellos llaman transversal. Ahítos nos tiene Cataluña a todos, incluso a los que tanto la quisimos cuando era tan catalana como española. Ahora sus calles se han llenado de pensionistas que, cómo no tienen mucho que gastar, gastan la voz poniéndola en grito.

Tampoco los desacuerdos son definitivos y el PNV mantiene su veto hasta que no se levante la aplicación del famoso artículo 155. En mi indiscutible calidad de anciano, que me ha costado más de 90 años adquirir, lo único que puedo aconsejar es que no sigan «del viejo el consejo». Puigdemont no es ya el presidente de todos los catalanes porque nunca lo ha sido tras su destitución y airada fuga. El final de la aventura está un poco más lejos, pero la cita con las urnas se acerca. «Isco al poder», gritaban ayer los que creen que el humor, aunque no resuelva nada, le viene bien a todo.

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